
Al inicio de la Alta Edad Media (entre el s.V al s.IX), la Iglesia recoge lo que quedaba del Imperio Romano, acumula tierras y aglutina a la gente, convirtiéndose en un pilar fundamental para cualquier estado o sociedad, sea este cristiano, judío o musulmán. En este período el Cristianismo llega a consolidar su poder a tal grado, que la teología se hace equiparable a la ley civil y fue tal su nivel de implicación, que osaban explicar desde fenómenos meteorológicos, pasando por procesos evolutivos, enfermedades con sus respectivos tratamientos hasta invadir los espacios más privados como las relaciones familiares y sexuales. Los clérigos pasaron a ser los consejeros espirituales y morales, siendo los únicos capaces de marcar la diferencia entre el Bien y el Mal.
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Helen Fisher (Universidad de Rutgers), antropóloga, académica e investigadora, es un referente obligado en foros internacionales por ser una experta mundial en la nueva ciencia del amor, es quien más se ha abocado a estudiar científicamente la biología de las relaciones de pareja, distinguiendo tres etapas parcialmente superpuestas. 
¿Cuán importante es la vida sexual para la relación de pareja? ¿El “buen sexo” contribuye a la satisfacción con la relación, precave de la separación? ¿El “mal sexo” o la ausencia de sexo ocasionan consecuencias negativas, influye en la posibilidad de divorcio?
En la Prehistoria, al instalarse el sedentarismo y la propiedad de la tierra, el matrimonio llega a ser una de las maneras más socorridas para aumentar el patrimonio. Es así como el ser humano pasa de la elección de pareja por motivos exclusivamente de atracción erótica, a incorporar por primera vez un elemento reflexivo: el cálculo de conveniencias. Este “amor convenido” predomina en la antigüedad greco-romana y durante toda la Edad Media. La unidad central es la familia patriarcal, cuyo jefe tiene el deber de establecer alianzas de parentesco que mantengan y acrecienten el patrimonio familiar. La pasión erótica deviene en un estado emocional peligroso para elegir y sostener a la pareja, lo cual era avalado por la doctrina católica. "Nada más infame que amar a la esposa como a una amante", decía San Gerónimo.
"Hablar de sexualidad humana es hablar de la esencia misma del ser humano" M. Merleau Ponty









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