Un pez de río de casi 5 metros de largo: el Pirarucú

Enviado por el 06/12/2007 a las 11:28

En mis vacaciones en el Amazonas, me reencontré con su exquisito sabor. Hacía años que no probaba Pirarucú, el pez de río de agua dulce más grande del mundo, y nuevamente pude degustar su sabor inigualable, mezcla de pollo, cerdo, res, pato, y cuántos sabores más pueblan la cocina de los dioses. En mi vida de aventurero he probado de todo: desde serpiente anaconda hasta mono manechi, pasando por cuánto pájaro, reptil, mamífero que existe por estos lares amazónicos. También he probado carnes de cautiverio como la de avestruz, o la de ñandú (avestruz americana), y en mi niñez comí la carne de ballena, que se vendía en Concepción (cazada de la ballenera de los Macaya). Sólo me falta probar el sabor de la carne humana (aunque nunca se sabe qué se come cuando le invitan mono manechi en los montes: su aspecto es el de un niño asado, aunque su sabor es exquisito). (Leer más)

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Las pirañas

Enviado por el 05/12/2007 a las 12:05

Cuando pasaba vacaciones en Rurrenabaque, Beni, Bolivia, gasté un par de horas lanzando la linhada desde la orilla del río, y de vez en cuando picaban, luchaban un poco y se dejaban llevar. Unos 10 metros más allá unos niños nadaban y jugueteaban tranquilos en el agua turbia. Nada anormal, excepto que lo que picaban eran pirañas. Los ríos amazónicos están llenos de ellas. Hollywood se ha encargado de tejer una leyenda negra sobre estos pequeños peces, y la verdad es que no son tan feroces como los pintan las películas. Muchas veces me he bañado y nadado en medio de cardúmenes de estos carnívoros y nada me ha pasado, pero también he visto como se devoran una vaca en menos de 10 minutos y la dejan en los huesos. (Leer más)

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La cotidianeidad de Martín

Enviado por el 30/11/2007 a las 17:33

Otro día muy parecido a todos los demás, excepto por la presencia de Andrea en su vida. Eso hacía la diferencia de todos los días. Despertar, mirarla dormir, admirar su espléndida desnudez de mujer madura y deliciosa, a veces acariciarla y amarla… en lo demás, los días eran los mismos, y no tenían por qué ser diferentes. La rutina ya estaba aposentada, los procesos diseñados y marchando, el personal entrenado y motivado. ¿Por qué esperar diferencias? Entró a sus oficinas, saludó a Silvia, y miró a los seis postulantes sentados y expectantes.

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La cotidianeidad de Andrea

Enviado por el 29/11/2007 a las 18:22

Andrea disfrutaba de su cotidianeidad, y a través de ella se iba insertando en su nueva vida. Duerme junto a su marido, desnudos los dos. Hacen el amor. Lo ve lavarse los dientes y ducharse. Toman desayunos juntos. Lo despide al irse a su oficina. Ve su ropa y la elije. Camina con los pies desnudos por el verde pasto del jardín y nada en su piscina. Es la cotidianeidad la que define nuestro sentido humano del nosotros; no es la singularidad de los actos especiales. Más aporta a la convivencia una tarde tranquila leyendo o mirando la TV que una cena de gala. Y ahora mira con satisfacción su nueva oficina. (Leer más)

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Una mañana llena de sensualidad...

Enviado por el 28/11/2007 a las 10:55

A las 05:00 Am exactas Martín abrió los ojos. A su lado Andrea seguía durmiendo plácidamente. Ambos, totalmente desnudos, se recortaban contra la sábana de seda negra como un par de estatuas lánguidas. En esos climas tropicales, en que la medianoche marca 27 Cº, el dormir con cobertores y con pijamas era una opción solamente, y Andrea, que venía de un clima más frío, no tardó ni un par de horas en adoptar la correcta. Sigilosamente y sin molestarla, Martín se levantó, se vistió con su bata de red de algodón, y bajó al comedor. Allí encontró la bandeja con sus frutas tropicales preferidas y luego de saborear un mango y unas cuantas frutillas, se fue a la piscina.

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La solución impecable para un problema llamado Max

Enviado por el 26/11/2007 a las 19:19

Te visitará Jorge, de toda mi confianza, y te dirá qué haremos. Martín tenía un plan, los recursos, y la determinación para ejecutarlo. Andrea se miró al espejo y vio la angustia reflejada en sus ojos. También vio reflejada, a sus espaldas y sobre la cama, el vestido 2 piezas que usaría en esta ocasión, en que hoy se casaba su hijo único y se cumplía un hito en su vida. “Ni un minuto más luego de que Jorge se case” le espetó en el rostro a Max, su marido. Hoy se cumplía el término de ese matrimonio de tantos años de descariño e indiferencia. Max aceptó el ultimátum con un dejo de duda. ¿Y qué vas a hacer? pensó pero no lo dijo.

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Metroviaje. Relato enviado al concurso Santiago en 100 palabras

Enviado por Ricardo Aliaga Bascopé el 26/11/2007 a las 15:12
Ricardo Aliaga Bascopé

Metroviaje

ESTE ES UN HECHO REAL, trataré de contarlo tal como me lo relató mi amigo, el Dr.Julio Azócar Ortíz, muerto a la temprana edad de 64 años. Julio se apasionaba por los OVNIS y los extraterrestres. Era gran narrador de historias. Una de éstas es la siguiente: Su secretaria iba en el Metro. Para no aburrirse, comenzó a mirar a los pasajeros. Alguien le llamó la atención.

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