Escribí 30 líneas, conté una anécdota cómica, sólo por divertirme, así como se lanza una botella al mar con un mensaje adentro, nunca pensé que tendría grandes repercusiones, pero recibí un comentario, luego otro y me alegre mucho, pero hoy leí uno que me emocionó, lo comentó mi hermana menor, Claudia, a quien no veo desde hace 3 años, a quien llevo en mi corazón desde hace 39, a quien lleve en mi conciencia por muchos años también, ya que fui el regalón porque estuve a punto de morir cuando bebé y por mucho tiempo pensé que la habían dejado un poco de lado por mi culpa, pero ahora que soy adulto comprendo que no fue así, cada uno tuvo su lugar y nos quisieron a todos y sobretodo, nos queremos todos. (Leer más)
Me encuentro en el escenario, tras unos telones negros, altos y gruesos, por un espacio pequeño miro a mis compañeras de actuación, todas Adultas Mayores, menos mis dos hijas, las que superan con poquito los veinte. El teatro esta repleto de gente de todos los estratos sociales, me di cuenta en mi primera salida a escena, muchos flash encandilaban mis ojos, habían cámaras de televisión. La iluminación es perfecta, igualmente el sonido, las Actrices Mayores se desempeñan a la perfección, es como conducir un auto fino del año. (Leer más)
Enviado por Teodissa
el 03/12/2007 a las 22:00
 Orlandito, tenía 7 años, y era el segundo hijo de Clementina, una humilde lavandera que con su oficio ayudaba a mantener a sus 12 hijos. Su esposo, un inmigrante italiano, había regresado a Italia, a pocos meses de nacer Orlandito. Años más tarde, Clementina, contrajo nuevas nupcias y tuvo a sus otros 10 hijos, en un matrimonio poco afortunado y lleno de desdichas y sufrimientos. Aún así esta mujer hizo crecer a sus hijos llenos de amor y de valores. (Leer más)
Recuerdo que yo tenía 7 años, vivíamos en Quilpué, ciudad a unos 40 Km. de Valparaíso, estábamos ahí por un tiempo solamente, fue un año en realidad inolvidable, 1970, marchas políticas, mucha música folklórica y de protesta, teatro y cultura en general, creo que nunca he vuelto a ver tanta efervescencia como ese año. Bueno, la cosa es que como nosotros éramos de Valparaíso, del Cerro Placeres más precisamente, mi madre creyó que lo mejor era que yo y mis dos hermanos hombres, siguiéramos en el mismo colegio, la Escuela Nº 33 República del Paraguay, de nuestro cerro. Así era como hacíamos el viaje de ida y vuelta todos los días. En la oportunidad de esta historia, yo que era el más chico de los tres, cursaba el segundo básico y esa semana andaba un poquito enfermo de la guatita, (Leer más)
Desde que tengo el placer de ser parte de Ligas Mayores he leído los mejores recuerdos que se han publicado aquí, claro, no todos bajo la etiqueta recuerdos, algunos hay por ahí guardados bajo otras temáticas, porque son pertinentes y porque aun no surgía esta “Contienda” de recuerdos. La verdad el premio es tentador, eso de ser el destacado del mes y pasar por tanto a la historia del blog, lo encuentro fantástico, sobretodo para alguien tan figurona como yo je je je. (Leer más)
Cuando oí esta frase, dicha sin maldad, me puse a pensar en ella, en mi madre. Nació a fines de los años 20, sin TV, lavadoras ni cocina a parafina siquiera, había que cocinar con fuego a carbón, creo. Su padre murió cuando ella tenía solo 5 años y tuvo que estar interna, ya que su madre debía trabajar para mantenerla a ella y sus tres hermanos. Interna con monjas, que sabían de frustración más que de amor. Quedó embarazada a los 17 años por primera vez. Años más tarde su madre cayó desde el balcón de su casa cuando mi madre tenia 21 años y amamantaba a su tercera hija, se mató del golpe, frente a sus propios ojos, ¿No era acaso para volverse loca?. (Leer más)
En los almuerzos dominicales en la casa de mis abuelos, dentro de los mil y un chistes familiares, aparecía “El Guacho”, entre risotadas y recuerdos. Mis abuelos pertenecían a una época y nivel social, en los que era común, más no correcto, que el marido tuviera una “sucursal”, es decir, otra señora con hijos, la “otra” y los “guachos”. Entonces las discusiones matrimoniales y los celos de mi abuela rodeaban ésta idea. Cuando la plata no alcanzaba: “Seguro que te gastaí la plata en el guacho”. Si mi abuelo llegaba tarde: “¿Anduviste viendo al guacho?”. Si salía a trabajar el sábado en la mañana: “¿Vai a pasear al guacho?”. Mi madre y sus hermanos eran chicos y éstas discusiones y celos ya no les llamaban la atención, eran el pan de cada día. (Leer más)
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