“No podemos dejar que el lago se muera”. La frase se repite entre vecinos y dueños de casas de veraneo del embalse Rapel, construido en 1968 por Endesa para generar electricidad. Con 43 años de existencia, científicos que lo han estudiado afirman que está en su fase de “vejez” y próximo a cumplir su vida útil, aunque la empresa estima que puede operar durante otros 60 años. Pero más allá de los plazos, las señales críticas ya son evidentes.
Malos olores y la proliferación de algas que “cubrían como nata” las aguas dieron la primera alerta a los vecinos. A ello se sumo este verano un hecho que casi da un golpe de gracia a la ya resentida actividad turística: las aguas del embalse bajaron casi cinco metros, lo que dejo amplias zonas prácticamente secas.
En abril, el centro Eula de la Concepción entrego un estudio sobre el Rapel que a petición del Gobierno realizo durante dos años. Su conclusión es que el embalse tiene graves problemas de eutrofización y sedimentación.
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La casa comercial nipona Marubeni, junto con el grupo japonés Innovation Network, adquirirá al Banco Santander acciones en Aguas Nuevas, para controlar la tercera empresa de tratamiento de aguas de Chile, informó el diario Nikkei.









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