Una Bruja Emplumada en el Tzolkin
Por:Claudia Ávila
Una mujer camina por playas, ciudades, ama, vive. Un lenguaje en sus labios. Su cuerpo no lleva ligaduras, sólo sonrisas y colores de amaneceres. La mujer observa a la muerte entre sus faldas, pierde sus ropajes de Bruja y comienza a deambular por las calles con pasos comunes sin detenerse frente a los espejos. El tiempo cubre con su capa mohosa las ilusiones y entre giros rutinarios se despierta y amanece cada día.
La trasgresión es inevitable, obligando a enfrentar los fantasmas que se encontraban entre cofres viejos. El amor entrega la fortaleza necesaria para desanudar las ataduras que un día permitió que se le impusieran. Hombres y mujeres se desnudan de mentiras, se acompañan y consuelan, se hieren, se abandonan, se perdonan, huyen y aman. Algunos están perdidos entre el cemento, otros, seguirán algunas huellas para encontrar la ruta.
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