Cuando cumplimos cincuenta, sesenta o más, estamos llenos de vida y energía. Tal vez tenemos arrugas, pero en esencia somos los mismos. Algunos queremos seguir trabajando, en jornadas parciales y a honorarios, pero sólo nos ofrecen voluntariados o nos pagan la cuarta parte de lo que antes nos pagaban.
No pedimos una limosna. Queremos oportunidades similares a las que teníamos antes. Ofrecemos a cambio, experiencia, habilidad adquirida por los años de práctica. Y un tiempo dedicado a hacer las cosas bien. Ni siquiera tenemos que preocuparnos por los hijos en horas de oficina.
¿Deben los mayores de 60, quedarse sentados














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