Eyzaguirre esquina de San Alfonso, justo allí estaba la réplica del templo redentorista santiaguino, cuyo arquitecto, seguramente alsaciano levantó con esmero, pero sin calcular la fuerza del terremoto del año 83 que lo derrumbó por completo. Si el sismo hubiese sido en Noviembre, hace 50 años y a las ocho de la tarde, una multitud habría sido sorprendida en un mar de flores, cuyo aroma se sentía hasta en mi casa a media cuadra de distancia. Por mi parte habría estado en el campanario repicando al mes de María o acompañado de otros monaguillos acarreando cientos de sillas plegables de madera, que haciendo carretillas llevábamos desde el salón a la iglesia para consuelo y reposo de los incondicionales devotos dispuestos a rezar cada nueva primavera a la madre de Jesús y escuchar la clara y contundente prédica del padre Zamora. Algunos días se turnaba con el padre Boisaire que le daba con su acento francés un especial encanto parisino al sencillo barrio del viejo San Bernardo que cobijaba al Seminario de
Imposible no recordar cada primavera aquella iglesia redentorista vestida de pétalos. Imposible no sentir el aroma y el canto envolvente, imposible bajar a mi corazón del campanario, mientras insiste en sincronizar sus latidos con el “talan” “talan” de mi adolescencia. Imposible no ver aún en mis manos los callos que dejaba la fe manifestada en sillas de tijera que en montones de a diez fueron mil veces armando el rosario siempre glorioso de un pueblo siempre cercano de una virgen atosigada de peticiones y abundante de perdones. Ave!!!!! Ave María que madre nuestra es...
















Recuerdos
Willi: Siempre me conmueven sus escritos, pero éste trajo a mi memoria recuerdos de mi infancia. Le cuento: en calle San Alfonso entre Eyzaguirre y Maipú vivía una tía abuela mía. En esa Iglesia se casaron dos de sus hijos y ella celebró junto a su esposo sus bodas de oro, ceremonia que quedó por siempre en mi retina. ¡Qué tierno y bello recuerdo ha traído a mi memoria!