Es una historia larga, pero, la voy a resumir, para coincidir con la fecha que estamos viviendo. En Cuenca Ecuador, en 1981, tuvimos que enfrentarnos a esas experiencias que nadie las quisiera tener. A los pocos días de nacido, falleció nuestro hijo varón. Era tanta la tristeza, porque las condiciones también eran especiales. Nos encontrábamos indocumentados y había mucha persecución a los extranjeros solicitándoles sus documentos. Nos habíamos endeudado en un pasaje de Chile a Ecuador para que mi suegra fuera a conocer a su nieto, y fue dolor y amargura lo que encontró. Pocas amistades teníamos, y en su velorio cuatro caras nos veíamos. Al cementerio varios amigos chilenos nos acompañaron. Pasaron más de dos años y nos disponiamos a seguir viajando. " ...¿y el niño que?". Lo llevamos por todo Ecuador, vivimos en varias partes en Colombia, casi nos roban la mochila donde estaban sus cenizas. Con nosotros conoció casi todo el trópico. En todo caso lo tenemos cerca nuestro, en el Cementerio Metropolitano donde descanza en paz, este niño hijo de padre colombiano, madre chilena, abuelo peruano, nacido y fallecido en territorio ecuatoriano. Siempre le llevamos flores a él y a todos los familiares. Otro día les cuento más de esta historia.
















Más que un recuerdo
Entiendo bien tu pena. Yo perdí mi primer hijo a los pocos meses de embarazo y aún no lo olvido, aunque tengo otros cuatro. También perdí una nieta que murió al momento de nacer porque no había médico de turno en una conocida clínica maternidad de Santiago donde mi hija estaba internada hacía ya dos días. Por eso murió, media hora antes de nacer.
A Sofía, así se llamaba. le escribí un libro. Así volvió a nacer y hoy es conocida por muchos que han leído mis historias de veraneo las que le he contado en "Un tesoro para Sofía".