Salas de espera

Siempre han llamado especialmente mi atención las Salas de espera de los Hospitales, Clínicas y Postas. Las hay confortables, con aire acondicionado y televisión y las otras desprovistas de toda comodidad, a veces sucias, muy sucias, mal olientes, peor iluminadas, y aún así tienen siempre algo en común. Los que allí esperan, tienen por consigna miradas perdidas que acusan temores apenas mostrados entre cejas fruncidas.

Miedos y esperanzas se conjugan en las expectativas de la pronta sanación, o del diagnóstico que ponga fin a la incertidumbre del mal que asecha.

Salas de Espera que son como estaciones necesarias en la red ferroviaria de la vida. Cuando todo parece marchar sobre rieles, el síntoma se encarga anunciar la próxima parada donde daremos los exámenes de salud para continuar nuestro viaje o detenernos en el camino para una reparación mayor.

Nuestro andar en el recorrido de los sentimientos y las emociones nos lleva también de tanto en tanto por salas y antesalas de espera y también de premura anexas al dolor y a las alegrías. Estas también se asemejan a las estaciones donde encontramos los espacios para la reflexión, son salas de meditación y encuentro con nosotros mismos, con los seres amados y con muchos otros que con mayor o menor dificultad interactuan en nuestras vidas.

Tantas veces los abuelos somos las salas de espera de la ansiedades de nuestros nietos, y los padres de las angustias de nuestros hijos. Lo es toda la familia, los esposos, el hogar, el sistema educacional y las instituciones creadas por la sociedad para contener, formar y crecer.

Cada uno de nosotros tiene un rol y no hay roles pequeños. Podemos ser acompañantes en la espera, servidores en las necesidades, eslabones de una gran cadena humana que nunca debiera cortarse por egoismo, ntolerancia o arrogancia. Nuestra presencia puede aliviar, alentar y apoyar para llevar luz y amor a todas las estaciones de vida.

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Comentarios

Me gustó tu reflexión Willi, que aparte de la buena pluma, está llena de situaciones e hitos en los que muchos harían bien en detenerse a meditar.

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