En 1948 , hace ya más de 60 años un escritor norteamericano, se quejaba amargamente de la educación de esos tiempos, pues bien ,todavía nos quejamos de la misma manera, los Adultos Mayores nos quejamos ,recriminamos y pensamos que este mundo va al caos, la destrucción y degeneración, la moraleja es que siempre van a existir problemas y siempre vamos a existir personas que critiquemos; que existen estos problemas es verdad pero me parece que todo está regulado por la naturaleza, con fines comparativos condenso parte de ese escrito.
No es necesario hacer estudios detenidos para descubrir nuestra incompetencia intelectual y nuestra falta de valor moral. La tercera parte de nuestros matrimonios acaba en divorcio. El hogar estadounidense no se afana por mejorar como centro de la vida de familia, sino que se conforma con ser una especie de hotel mecanizado, una estación de abastecimiento, y nada más. Nuestra juventud es indisciplinada y cada vez más proclive a la delincuencia. El adulterio es norma y no excepción entre nuestros descontentos adultos. Nuestras cárceles rebosan de delincuentes, y nuestros asilos están atestados.
Nos ufanamos de no ser agresores rapaces, pero hemos cometido una agresión terrible contra nuestros propios descendientes. Hemos despojado el continente -destinado a ser suyo- de todo recurso árboles, tierra, gasolina, hierro, plomo, cobre y estaño—para librar guerras ,que pudimos haber evitado con un poco de valerosa previsión, y para fabricar automóviles que cada año mutilan a un millón de nuestros compatriotas.
Este saqueo de los Estados Unidos se duplica a causa de la pasión que por la «moda», pasión que nos hace desechar lo que producimos antes de agotar su utilidad. Hemos despoblado de pesca vastas zonas marinas y contaminado el agua de nuestros ríos; nos vemos anegados por inundaciones anuales y permitimos que las aguas nos despojen de nuestra propia tierra.
Naturalmente, la razón está en nosotros. Pero el proceso de nuestra corrupción y degradación puede seguirse mejor si empezamos analizando nuestro sistema escolar. Téngase en cuenta que cuando preguntamos qué pasa con nuestras escuelas, no hacemos sino preguntar qué pasa con nosotros mismos.
Durante el siglo diecinueve, la escuela estadounidense, tenía una finalidad fundamental y exenta de complicaciones, a saber: enseñar el significado de la libertad y las responsabilidades inherentes a ella; enseñar a los ciudadanos su propia lengua para que pudieran pensar con exactitud y comunicarse inteligentemente; proporcionar conocimiento básico de las verdades científicas; e infiltrar en los educandos esa disciplina juvenil que constituye el cimiento indispensable de la propia disciplina en la edad adulta.
Los maestros de escuela se contaban entre los vecinos más valiosos y respetados de su respectiva localidad. Los libros eran preciosos. Las austeras aulas daban mujeres y hombres austeros que acometían con entereza sus tareas por duras que fueran. Las gentes instruidas de entonces conocían la ciencia, la historia, la política y los acontecimientos de su época.
El primer fracaso de nuestras actuales escuelas es la creciente desatención a la enseñanza de la gramática. El graduado de hoy día en las escuelas de los Estados Unidos es tan desmañado en el empleo de las palabras, los tiempos y las formas retóricas, que carece del equipo mental necesario para el pensamiento lógico y su expresión racional. Tiene el cerebro tullido porque la escuela no lo ha provisto de medios para pensar. Ni siquiera es capaz de meditar sobre los problemas de la comunidad en que vive. ¡Y casi todos los estadounidenses han llegado a ser así!
Junto con la valía de nuestra educación ha disminuido la paga del personal docente. El conserje de la escuela gana más dinero que algunos de los maestros. Hoy el prestigio y la remuneración han descendido tanto que no atraen al campo de la enseñanza el número de nuevos maestros necesario para que el sistema escolar continúe funcionando, y mucho menos para renovarlo.
El objeto que persigue la instrucción es, a mi entender, guiar a los niños hacia la madurez, transformándolos en personas capaces de expresarse bien, auto-disciplinadas, razonables, bien informadas y responsables. En último término, la felicidad depende de dos cualidades individuales: la confianza en sí mismo y la confianza en los demás. En escuela del siglo diecinueve aspiraba, cuando menos, a inculcar dichas cualidades, cuyo valor era obvio y cuya adquisición se consideraba generalmente deseable en aquellos tiempos.
Lo único que nos queda de esos ideales es el progreso material. Somos una nación de niños que se niegan a crecer. Esas diversiones de los alumnos de escuela primaria continúan siendo principalmente las del adulto estadounidense: juegos, deportes, fiestas, cuentos cinematográficos de hadas, melodramas radiados, narraciones novelescas" de las revistas e historietas cómicas de la prensa en general. Usamos los automóviles como cochecillos de nene agrandados.
El hombre educado es maduro. Su madurez se funda en el pleno dominio de su idioma; en la comprensión de principios generales, no de novedades mecánicas; en la verdad, no en la propaganda. El hombre instruido procura aumentar su tesoro de verdades y su acervo de conocimientos durante la vida entera. Su amor a la humanidad no es sentimental sino sincero, y se manifiesta en obras. Es hombre digno de confianza.
Ha llegado la hora de que emprendamos la liberación de nuestras escuelas. Busquemos y paguemos a maestros que merezcan nuestro respeto; y respectémoslos para que nuestro sistema de enseñanza deje de producir niños grandes, ensimismados y devotos de las bagatelas.
Nota del transcriptor: se parece a nuestro Chile actual, ejemplos la deuda histórica de los profesores; la farándula de la tv; l permisismo de todo el mundo y otros cientos de ejemplos.
















frutos amargos de la educación ...
Qué artículo extraordinario, y cómo se parece a lo está ocurriendo hoy en nuestro país !! simplemente es un retrato fiel !! en el afán de huir del tan mentado strés todos tratamos de tomar lo serio de la vida como algo sin mayor importancia , restando mérito a todo lo que merece respeto,a la disciplina y afán de superación. Ser permisivos es cosa de cada día y los valores parecen ser ya cosa del pasado. Es lo que estamos dando como legado en el hoy .Un sistema relajado en extremo, desconcertante y poco motivador para NUESTROS NIÑOS Y JÓVENES. ojalá sean muchos los que lean este tema tan interesante y actual.
un saludo