Frutos amargos de la educación

Enviado por adrian retamal orias el 16/02/2010 a las 21:39
adrian retamal orias

En 1948 , hace ya más de 60 años  un escritor norteamericano, se quejaba amargamente de la educación de esos tiempos, pues bien ,todavía nos quejamos de la misma manera, los Adultos Mayores nos quejamos ,recriminamos y pensamos que este mundo va al caos, la destrucción y degeneración, la moraleja es que siempre van a existir  problemas  y siempre vamos a existir personas que critiquemos; que existen estos problemas es verdad pero me parece que todo está regulado por la naturaleza, con fines comparativos condenso  parte de ese escrito.  

No es necesario hacer estudios detenidos para descubrir nuestra incompetencia intelectual y nues­tra falta de valor moral. La tercera parte de nuestros matrimonios acaba en divor­cio. El hogar estadounidense no se afana por mejorar como centro de la vida de familia, sino que se conforma con ser una especie de hotel mecanizado, una estación de abastecimiento, y nada más. Nuestra juventud es indisciplinada y cada vez más proclive a la delincuencia. El adul­terio es norma y no excepción entre nues­tros descontentos adultos. Nuestras cár­celes rebosan de delincuentes, y nuestros  asilos están atestados.   

Nos ufanamos de no ser agresores rapa­ces, pero hemos cometido una agresión terrible contra nuestros propios descen­dientes. Hemos despojado el continente -destinado a ser suyo- de todo recurso  árboles, tierra, gasolina, hierro, plomo, cobre y estaño—para librar guerras ,que pudimos haber evitado con un poco de valerosa previsión, y para fabricar auto­móviles que cada año mutilan a un mi­llón de nuestros compatriotas.

Este saqueo de los Estados Unidos se duplica a causa de la pasión que por la «moda», pasión que nos hace desechar lo que producimos antes de ago­tar su utilidad. Hemos despoblado de pesca vastas zonas marinas y contamina­do el agua de nuestros ríos; nos vemos anegados por inundaciones anuales y per­mitimos que las aguas nos despojen de nuestra propia tierra. 

Naturalmente, la razón está en nos­otros. Pero el proceso de nuestra corrup­ción y degradación puede seguirse mejor si empezamos analizando nuestro sistema escolar. Téngase en cuenta que cuando preguntamos qué pasa con nuestras es­cuelas, no hacemos sino preguntar qué pasa con nosotros mismos. 

 Durante el siglo diecinueve, la escuela estadounidense, tenía una finali­dad fundamental y exenta de complica­ciones, a saber: enseñar el significado de la libertad y las responsabilidades inhe­rentes a ella; enseñar a los ciudadanos su propia lengua para que pudieran pensar con exactitud y comunicarse inteligente­mente; proporcionar conocimiento bási­co de las verdades científicas; e infiltrar en los educandos esa disciplina juvenil que constituye el cimiento indispensable de la propia disciplina en la edad adulta. 

Los maestros de escuela se contaban entre los vecinos más valiosos y respetados de su respectiva localidad. Los libros eran preciosos. Las austeras aulas daban mu­jeres y hombres austeros que acometían con entereza sus tareas por duras que fueran. Las gentes instruidas de entonces conocían la ciencia, la historia, la política y los acontecimientos de su época. 

El primer fracaso de nuestras actuales escuelas es la creciente desatención a la enseñanza de la gramática. El graduado de hoy día en las escuelas de los Estados Unidos es tan desmañado en el empleo de las palabras, los tiempos y las formas retóricas, que carece del equipo mental necesario para el pensamiento lógico y su expresión racional. Tiene el cerebro tu­llido porque la escuela no lo ha provisto de medios para pensar. Ni siquiera es ca­paz de meditar sobre los problemas de la comunidad en que vive. ¡Y casi todos los estadounidenses han llegado a ser así!             


Junto con la valía de nuestra educación ha disminuido la paga del personal do­cente. El conserje de la escuela gana más dinero que algunos de los maestros. Hoy el prestigio y la remuneración han des­cendido tanto que no atraen al campo de la enseñanza el número de nuevos maes­tros necesario para que el sistema escolar continúe funcionando, y mucho menos para renovarlo. 

El objeto que persigue la instrucción es, a mi entender, guiar a los niños hacia la madurez, transformándolos en personas capaces de expresarse bien, auto-disciplinadas, razonables, bien informadas y res­ponsables. En último término, la felici­dad depende de dos cualidades indivi­duales: la confianza en sí mismo y la con­fianza en los demás. En escuela del siglo diecinueve aspiraba, cuando menos, a inculcar dichas cualidades, cuyo valor era obvio y cuya adquisición se conside­raba generalmente deseable en aquellos tiempos.

Lo  único que nos queda de esos ideales es el progreso material. Somos una nación de niños que se niegan a crecer. Esas diver­siones de los alumnos de escuela primaria continúan siendo principalmente las del adulto estadounidense: juegos, deportes, fiestas, cuentos cinematográficos de ha­das, melodramas radiados, narraciones no­velescas" de las revistas e historietas cómi­cas de la prensa en general. Usamos los automóviles como cochecillos de nene agrandados.

El hombre educado es maduro. Su madurez se funda en el pleno dominio de su idioma; en la comprensión de princi­pios generales, no de novedades mecáni­cas; en la verdad, no en la propaganda. El hombre instruido procura aumentar su tesoro de verdades y su acervo de conocimientos durante la vida entera. Su amor a la humanidad no es sentimental sino sincero, y se manifiesta en obras. Es hombre digno de confianza.

Ha llegado la hora de que emprenda­mos la liberación de nuestras escuelas. Busquemos y paguemos a maestros que merezcan nuestro respeto; y respectémoslos para que nuestro sistema de ense­ñanza deje de producir niños grandes, en­simismados y devotos de las bagatelas. 

Nota del transcriptor: se parece a nuestro Chile actual, ejemplos la deuda histórica de los profesores; la farándula de la tv; l  permisismo  de todo el mundo y otros cientos de ejemplos.


 

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Enviado por el 19/02/2010 a las 22:12
ana torres g

Qué artículo extraordinario, y cómo se parece a lo está ocurriendo hoy en nuestro país !! simplemente es un retrato fiel !!  en el afán de huir del tan mentado strés todos tratamos de tomar lo serio de la vida como algo sin mayor importancia ,  restando mérito a todo lo que merece respeto,a la disciplina y afán de superación. Ser permisivos es cosa de cada día y los valores parecen ser ya cosa del pasado.  Es lo que estamos dando como legado en el hoy .Un sistema relajado en extremo, desconcertante y poco motivador para NUESTROS NIÑOS Y JÓVENES. ojalá sean muchos los que lean este tema tan interesante y actual.

un saludo


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