Hoy me siento sola, triste y culpable, puedo también preguntarme de qué soy culpable, pero no lo puedo negar, me dejé llevar por la tentación de sentirme de nuevo joven, deseable y pretendida, sé que a mis años (58) no soy una lola, pero me siento con toda la vitalidad del mundo y no quise entender que el amor no solo es la atracción física, el deseo de hacer el amor como cuando tenía 18 años y con mi pololo (mi actual marido) teníamos esa complicidad del deseo y con solo mirarnos sabíamos que nos derretíamos por estar a solas.
Nos conocimos de toda la vida, fuimos compañeros de liceo, al viaje de estudios, a la misma graduación en fin compartíamos todo y lo mismo nuestras familias, por lo que pasados algunos años, ya con nuestras carreras terminadas, lo más lógico fue que nos casáramos. Pasaron los años y el deseo se fue desvaneciendo, mi esposo se fue poniendo aburrido, llegaba a la casa a comer y ver televisión y el día domingo en la mañana leer el diario, después el fútbol, y en la semana el Club de Toby con sus amigos. El panorama no era alegre ni entretenido para mí, ¿qué me quedaba? Solo leer y escribir mis pensamientos.
En el trabajo conocí a un colega, que también tenía problemas con su señora, empezamos a cambiar impresiones de nuestros matrimonios, cuando llegaba en la mañana me saludaba, sonriente y me hacia algún comentario lisonjero sobre mi apariencia, me hacía ver bonita, un día una flor, otro una caja de bombones, hasta que me dí cuenta que me había enamorado de mi colega y él me confesó que también se había enamorado de mí, empezaron nuestros encuentros furtivos, pero al mismo tiempo embriagadores, las mentiras por mis llegadas tarde fueron siendo más seguidas, como éramos profesores los dos, entonces, los consejos de curso, las reuniones con los apoderados, eran muy frecuentes, pero la ansiedad , el saberse culpable y ese cosquilleo en el estómago cuando nos veíamos a solas lo compensaba todo, pero fuimos más allá de lo prudente, no nos complacía esos momentos a solas, nos sacamos fotos y las cartas que intercambiábamos de tarde en tarde, nos vendieron… Yo ya no quería sentirme infiel y pensaba hablar con mi esposo y decirle que quería el divorcio, mi amor según él estaba en lo mismo, hacíamos planes como los pololos para irnos a vivir juntos, según él ya había conversado con su mujer y estaba todo listo para su divorcio. Yo me confié mucho de que era precavida, y no pensé que mi marido, me había mandado seguir, sabía todo, me enrostró mi infidelidad y me dio un día para dejar la casa me fui avergonzada y llorosa, pensando en reunirme con mi amante, lo he visto de arrancaditas, porque todavía no puede dejar su casa, y tampoco arrendar un Dpto., para los dos, me pide paciencia, que lo espere, en eso estoy, pero sola y triste.
















Recapacita y empieza de nuevo
Lo que pasó, es vivificante y no tendrías por qué estar sola y triste, solo, sola, porque la experiencia enseña que estas viva aún, a pesar de la rutina de los años, pese a lo plano de esa vida...Te arriesgaste por una ilusión, una quimera o una certeza, pero la forma en que has sido tratada por el señor que pensaba que eras su propiedad, indica que tu decisión fue acertada y era el tiempo.
Lo vivido, los instantes soñados, ya son buenos y no te culpes de nada y sólo espera, y mientras escribe y escribe y si te sientes muy complicada o angustiada, ve donde un buen psicólogo, ayudan intensamente y habras clarificado tu alma... tienes por fonasa, servicios publico, pero igual que en el amor y la amistad, el profesional, también debe ser el adecuado, para que verdaderamente te sientas ayudada.
Suerte
Pensando
Laura Margarita, todo pasa por algo, gracias por tu solidaridad.