Basura: Responsabilidad/Social/Individual

Enviado por Cristian Baros G el 28/01/2010 a las 9:15
Cristian Baros G

Fuente: Conama

Sabemos del daño que hemos provocado al medioambiente. Oímos hablar de las emisiones de CO2, de crecimiento sustentable y transacciones de bonos de carbono. Responsabilizamos a la “humanidad” y esperamos soluciones desde el gobierno  cuando de problemas ambientales se trata. Podemos seguir escuchando, hablando y esperando, o recordar que en nuestras propias manos hay muchísimo por hacer. Al final 1+1 siempre será do. Por esto, tómese unos segundo para decidir  dónde quiere que termine la basura que tiene en su casa: en un relleno sanitario o quizás, en la cadena de reciclaje. Usted decide.

Una idea vale más que nada. Un buen concepto puede mover masas y elegir un presidente. Lo sabemos. Ni  discursos elocuentes ni grandes acciones (no digo que jamás los haya); basta un concepto lo suficientemente amplio como para entusiasmar a muchos. La cuestión es  que cuando una idea queda en eso, el  concepto  pierde validez, y qué decir de la palabra, corre riesgo de perder su contenido.

 

Porque no queremos ser “sustentables” o “tener responsabilidad social” se transforme en eslogan, es que proponemos recordar  cuanto podemos hacer por mejorar en un problema puntual que nos afecta a todos: nuestros desechos. Esos     que  sin excepción  todos generamos, pueden ser cada vez  menos.

La palabra basura está relacionada con todo aquello con valor económico igual a cero, por lo mismo desechable. El primer  paso es reconocer la acumulación excesiva de desechos, dada en muchos casos por un consumo  excesivo. Es en nuestras conductas de  consumo y la valorización de nuestra basura, donde al parecer está la clave para dejar de rellenar nuestra tierra y, por el contrario, darle más espacio  al  desarrollo sustentable de verdad, aprovechando al máximo los recursos.

Lo que comúnmente llamamos basura considera residuos de diversos tipos, desde reutilizables al 100% a no aprovechables e incluso peligrosos.

Según el  último estudio  publicado por la Conama, la generación de residuos sólidos domiciliarios (RSD) en la Región Metropolitana alcanzo  un promedio de 8.211 toneladas al día en el 2007, lo que equivale a un total de  2.997.038 toneladas al año. De este total, 14,41% fue sometido a diversos procesos  de reciclaje, equivalentes a 432 mil toneladas; el restante, cerca de 2,6 millones de toneladas, fue llevado a disposición final. De esta cifra, el 99% fue depositado en rellenos sanitarios mientras que el 1% restante llego a los  vertederos controlados de Melipilla y Alhué. El mismo  estudio proyecta  que para este año 2010 los habitantes de la RM generaran  3,2 millones  de toneladas.

Como se ve en el recuadro, cerca de la mitad de estos desechos corresponden a materia orgánica que en gran parte podría ser reutilizada en procesos de compostaje y otro porcentaje muy importante- la fracción no orgánica- podría ser recuperada para reciclaje (papel. Vidrios latas, metales, etc.), reduciendo con ello en forma muy significativa el total de residuos que se destina a los rellenos sanitarios. Y lo más importante; la fracción reciclaje es, antes que todo, una muestra de los altos niveles de consumo de nuestra sociedad.

CAMINO 1

Hay dos modos de tratar nuestros residuos. El más común es generarlos y preocuparse que el camión se los lleve sin hacerse cargo de nada más. Sin embargo, la responsabilidad de cada persona no es menor. Se calcula que cada habitante de la RM  en promedio produce  1,1kg diario de residuos domiciliarios. Por lo tanto una familia integrada por tres personas- familia  A- produce al año más de una tonelada de RSD. Tonelada que sin ejercer sobre ella ningún tipo de acción, excepto la de poner la basura en la calle para el camión, va directamente a alguno de los rellenos sanitarios que indicamos anteriormente.

La familia A, probablemente, no considera que su ‘no acción’ genera problemas ambientales, que hoy se contabilizan universalmente como emisiones de CO2. En esta familia nadie ha pensado que antes de su tonelada de basura existieron materias primas que, luego de un proceso de extracción, pasaron por algún sistema de manufactura, empaque y finalmente transporte hasta su destino. En todo este  proceso se ha utilizado mucha energía y agua. De ahí      que hoy la huella de carbono sea un tema que está en boca de todos; esta huella no es más que la emisión de carbono  proveniente de diversas acciones que incluyen manufactura y traslado de todo, un  cálculo que incide directamente en el calentamiento global. Los habitantes del Reino Unido, conocidos como marcadores de tendencia en el comportamiento verde, han bajado el consumo de productos importados a su país debido a la huella de carbono emitida en su transporte.

Camino 2

Hoy, cerca del   60% de los RSD son dispuestos en instalaciones adecuadas, tanto desde el punto de vista ambiental como sanitario. Es decir, tenemos barrios más limpios, y con la existencia de rellenos con mejor tecnología, la repercusión sobe el medio ambiente es menor. Pero aún  estamos dentro de un modelo tradicional que genera más de 2,6 millones de toneladas anuales en la RM, de las que solo entre un 12%  y un 14% se recupera con alguna práctica de reutilización o reciclaje. Según Alejandro Donoso, director de Conama Metropolitana, se espera llegar a un 25% para el año 2020, principalmente a través del  plan  Santiago Recicla, que se centra en el manejo integral del RSD, poniendo la gestión en manos de las municipalidades. Para ello, se crearan   centros de valorización de residuos, planes de educación y trabajo en conjunto con los distintos entes recicladores.

Por ahora, el mayor esfuerzo de instituciones y empresas privadas se ha focalizado en la disposición final  en rellenos sanitarios. De hecho, la inversión que se calcula que hacen las municipalidades de la RM en la disposición final puede llegar hasta los $200 millones al mes, según cifras entregadas por la ONG Avina, que tiene como  fin promover el desarrollo sostenible de Latinoamérica. Dinero que las municipalidades podrían destinar a medidas, planes de difusión y estrategias educativas perfectas para nuestra familia B, que considera un camino diferente.

En primer lugar, la B es una familia ideal. Conoce y practica la máxima del estilo de vida verde, las tres R: reducir, reutilizar y reciclar.

La familia B clasifica papel, cartón, plásticos, latas y también han comenzado a separar residuos orgánicos para prepara su propio compost, conscientes de que los residuos orgánicos, de comida básicamente,  representan el 50% de la generación de residuos de la RM. Además todo el grupo familiar evita la adquisición de productos con envases desechables.

Cada chileno utiliza cerca de 3 kg de botellas plásticas al año, pero su reciclaje es menor al 1%, pese a que el reciclaje del plástico  de las botellas de bebida, “el PET(polietileno tereftalato) es uno de los más cotizados y uno  de  los que nuestra empresa privada está capacitada para trabajar; a diferencia de otros polímeros, que simplemente no pueden ser tratados y recuperados, ya que no se cuenta con la tecnología”, esto según palabras de Ezequiel Bolumburu, gerente general de Greenplast S.A., empresa especializada en la producción de pellets de plástico.

A nuestra familia B no le gustara saber que en Chile  se  desechan más de 80 millones de pilas al año y que solo una pila común puede contaminar 3.000 litros de agua. Una pila recargable equivale a 300 pilas desechables, según datos recopilados por Greenpeace, y una sola pila de reloj pulsera contamina toda una piscina.

La familia ideal es muy estricta con el uso de bolsas plásticas; saben que en el mercado del reciclaje industrial se cotizan muy bien, de ellas nacen nuevas bolsa y las propias bolsas de basura. En Chile se utilizan más de 3 mil millones de bolsas plásticas al año y menos del 1% de ellas se reciclan, pese a que solo una se demora entre 400 a 1000 años en degradarse y jamás desaparecen. Si una persona utiliza  una bolsa reutilizable  cada vez que va de compras, ahorrará uno 8 kg  de CO2 al año. La familia B también es cuidadosa con los envases de Tetrapack. De ellos se puede recuperar la pulpa del papel y elaborar otros papeles y cartones, además de fabricar  paneles aglomerados usados en la industria de la construcción.

El papá de la familia B  se ocupa de separar las latas, porque mal que mal 1 kg de aluminio reciclado ahorra 9 kg de CO2.

La mamá de nuestra querida familia B, se preocupa de no echar el aceite utilizado en las frituras u otros alimentos de  la casa al lavaplatos, ya que ese aceite inutilizado contamina miles y miles de litros de agua, y también, se va a las napas subterráneas. Lo que hace esta mamá es echar el aceite en una botella plástica de bebidas y cuando esté llena, llevarla al depósito para este elemento.

En Argentina, este aceite es  reciclado convirtiéndolo en bio-gas. Aquí también se puede hacer.

Nuestra querida familia verde sabe lo que hace si de minimización se trata. SEPARAR, ahí está su secreto. Luego de esta tarea bien cumplida nuestra familia busca el modo más eficiente de hacer llegar sus residuos a un destino final. Es una familia que vive en Providencia, así es que muchas veces deja sus residuos en los lugares señalados para ello en supermercados, no va al Punto Limpio de  Vitacura; prefieren caminar y no utilizar el auto para llegar hasta allá

Pero además consideran la  los tradicionales recolectores o recicladores informales. De  hecho, este grupo es una de las aristas socioeconómicas más visibles en nuestro país. Del reciclaje informal viven cerca de 60 mil personas, entre las que se calculan hay ingresos que parten en cifras cercanas a las del sueldo mínimo- $ 165.000- y pueden llegar hasta los $500.000. Según Alvaro  Alaniz, de Avina, en comunas como Maipú  el reciclaje informal da trabajo a poco más de 500 personas. Parte del material para reciclar que empresas como Sorepa (papel) o Greenplast (plástico) compran, proviene de lo que acumulan los recolectores.

Si usted deja sus residuos en el Punto Limpio de Vitacura o cualquier otro centro de acopio señalado, por ejemplo en supermercados, son distintas organizaciones de caridad las que percibe en los beneficios económicos de su transacción.

Cuando finalmente la cadena de residuos de ambas familias termine, llegará a destino a un relleno. Antes pudo haber pasado por una estación de transferencia o no, pero sin excepción el camión habrá recogido las bolsas, recorrido kilómetros, y dispuesto los residuos en enormes máquinas que los comprimen para disminuir su volumen para luego ser una vez más transportados  o directamente depositados en el relleno correspondiente.

Un relleno como el de Lomas Los Colorados en Til-Til, recibe la basura de 24 comunas de la RM, lo que se traduce en cinco mil toneladas diarias de residuos depositados sobre terrenos impermeabilizados. El 50% del componente de estos residuos es agua, por lo que el cuidado de filtraciones es extremo. Debido a los cambios  químicos, los residuos bajo tierra generan gas metano, 24 veces más nocivo     que el CO2. Actualmente, en rellenos con tecnología de punta, como el caso de Til-Til, este gas se transforma en biogás, que a su vez genera electricidad.

LAS 3 R

Reducir lo que se consume. Así de simple, pensar dos veces antes de comprar cosas innecesarias o desechables.

Reutilizar. Que se puede traducir en reparar los objetos dañados o buscarles nuevos usos. Es probable que lo que se va a botar, sirva para otra cosa o a otra persona.

Reciclar. Si no pudiste reducir el consumo ni reutilizarlo, el último fin será reciclarlo. Con esto se ahorran energía y recursos naturales ya que no se vuelve a la explotación de la fuente originaria.

PARA TENER EN CUENTA:

También habría que considerar entre los desechos, los que botan los transeúntes en la calle, llámese papeles, botellas de bebidas, chicles, bolsas  plásticas, colillas de cigarrillos, etc.

Todos estos elementos son contaminantes sobre todo el chicle, que se pega en cualquier lugar y cuesta mucho  sacarlo, aparte que la goma de mascar no recicla sola.

El transeúnte es dejado porque no se da el trabajo de caminar unos metros y depositar el desperdicio en un basurero.

Así como TODOS  aportan su negro punto de arena para ensuciar la calle, así debiéramos actuar  pero para mantener limpia la ciudad y sus calles. En  la medida que se cree conciencia de la

 imperiosa necesidad de no botar desperdicios en la calle, también se disminuirá la contaminación. Normalmente la gente que trabaja limpiando las veredas, recoge entre 80 y 90 kilos diarios (más o menos dos tarros grandes de basura) Si esto se echara directamente en los tachos, se estaría ayudando en un 80% en la limpieza de nuestras calles, comunas  y ciudades.

Esta despreocupación también se observa en los vehículos de la locomoción colectiva cuando los pasajeros consumen algún producto y botan sin lástima los desperdicios dentro del bus, en vez de esperar a llegar a su destino y depositarlos en el tarro correspondiente.

FUENTE: La Tercera Revistas.

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Enviado por el 28/01/2010 a las 19:58
Cristian Baros G

http://reciclaje.bligoo.com

ESTE ES UN NUEVO NEXO CON ESTA COMUNIDAD QUE INCLUYO PARA CONECTARSE


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