En marzo de 2008, el sitio web de la Biblioteca del Congreso Nacional publicó una radiografía de nuestro parlamento, donde entre otros aspectos, se desglosaba la composición de ambas cámaras de acuerdo a la edad de sus integrantes. El resultado arrojó que de 38 senadores y 120 diputados (158 parlamentarios en total), apenas cinco superaban los 70 años y un total de 34 se repartía entre los 60 y 70 años de edad.
Este año, en el contexto de la inscripción de candidatos para las próximas elecciones parlamentarias de diciembre, el diario El Mercurio publicó que entre los cerca de 370 postulantes al Senado y la Cámara de Diputados, el promedio de edad bordeaba los 54 años y sin tener datos corroborados sobre el número de adultos mayores que aparecen en las listas inscritas por los partidos políticos, no es aventurero decir que el porcentaje es mínimo.
Números que reflejan el carácter representativo pero no inclusivo de la política en Chile. No existe político que no tenga propuestas para resolver los problemas de los mayores de 60 años, pero me cuesta creer que uno de ellos piense que sea precisamente un adulto mayor el que pueda defenderlas en el Congreso. Si la democracia es representativa y la población chilena está envejeciendo, ¿debería haber más adultos mayores en el Congreso?
Pedir caras nuevas en política no tiene que ver exclusivamente con rostros jóvenes, sino tal como se lee, caras nuevas. Personas que nunca han ocupado un cargo público, pero que tienen tantas o mejores ideas que aquellos que ya hicieron su aporte desde el Congreso, el gobierno o sus partidos.
Y lo mismo pasa con las mujeres o los jóvenes. Las primeras ocupan un porcentaje menor que la elección anterior en las listas de candidatos y los segundos, por lo general, son puestos sólo como "compañeros de lista" del candidato más fuerte.
Dicen que en política los espacios hay que ganárselos, pero a mí eso me suena más a una cómoda excusa. Es como estar parado en la mitad de la cancha y no querer salir, aunque sé que estoy jugando mal.
Winston Churchill decía que la democracia es el menos malo de los sistemas políticos y cuando ésta sólo busca representar y se aleja más de la participación real, creo que tenía razón.
















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