Alguien me dijo un día que la fuente que cura la pena existía, mis pasos me llevaron por diferentes caminos, vagaba y preguntaba, pero nadie lo sabía.
Me encaminé hacia los cerros, pregunté al árbol del camino y también al agua del río, a los guijarros y a los enormes troncos caídos.
Busqué por caminos solitarios y también hice sendas por donde nadie había ido, levanté rocas y piedras, pero el agua de la fuente no surgía.
Llegué a otros lugares donde las olas nacían, al sol empezaba a declinar, yemas rojizas emitía, ansiosa me acerqué a la orilla, pensando que sabía donde estaba la fuente que sanaba el corazón herido.
El movimiento de las olas me dijo que no la conocían, desesperada me tiré en la arena, el viento era fuerte y mi cuerpo tiritaba de frío, desperté a las pocas horas, ya amanecía.
Me dirigí al desierto, de día enfrentando el calor, y de noche tempestades terribles, mi cuerpo estaba agotado de recorrer tantos caminos.
De pronto miré a lo lejos, me pareció que soñaba, un oasis bello y alegre ante mis ojos divisaba, vi moverse las palmeras anunciando mi llegada, y el verde brillante del pasto, al parecer me llamaba.
Había encontrado la fuente que buscaba, mis manos y mis pies ensangrentados, sucia mi ropa, y mi cuerpo sudado, algo dentro de mí, presintió que algo sucedía.
Corrí desesperada a la orilla de la fuente, lo que vieron mis ojos, eran sólo cuerpos sin vida, y otros con sus ojos casi sin brillo, apenas me miraban, mi corazón quebrantado ante tanto dolor... lloraba
La fuente que cura las penas se había secado, eran tanto los seres humanos que buscaban consuelo a su pobre llanto, que el manantial sin vida se había quedado.
También caí al suelo sedienta y desesperada, lloré fuerte, muy fuerte, mis gritos formaban ecos que hasta el cielo escuchaba, ya mi cuerpo se rendía impotente a tanto espanto
Mis oídos apenas escucharon el sonido que surgía de la fuente, gota a gota como un milagro de agua se iba llenando
Hincada grité a los cielos y bebí lentamente del agua que cura las penas y las heridas insanas.














La fuente
Vilma:
Muy bueno tu relato poético, me pareció ir contigo en esa peregrinación y mientras vivimos somos muchos los que intentamos llegar a la fuente de la felicidad. Todos buscamos ese idílico lugar que cure heridas que encontramos en nuestro camino, muchas son las vicisitudes que rodean al hombre en este peregrinar en la búsqueda del reparo, de la paz, de la dicha de haber gozado tanta maravilla existente y que en ese deambular vamos sufriendo en nuestra relación con el medio y con nuestros semejantes. Que hermoso encontrar esa fuente bendita que todo lo supera, lo cura, lo engrandece y que muchas veces no atinamos a comprender que la maravilla que buscamos está en nosotros, en esta fuente inagotable que somos, en esta bendición que portamos y que si sabemos encontrar podemos también traspasar esta gran alegría a los otros. Gracias Vilma