A
continuación expondré el resto de las determinantes que están e influyen en las
condiciones de salud de los “Adultos Mayores” en el transcurso de su proceso de
envejecimiento y que siempre es importante tener siempre presentes:
“Determinantes socioeconómicos
Los
determinantes sociales y económicos del envejecimiento saludable abarcan una
gran variedad de factores incluidos el estado laboral, las condiciones y
seguridad del trabajo, y a edades más jóvenes la educación que se ha obtenido,
el entorno de vida y la permanencia en él, y las circunstancias familiares. Es
probable que cada una de estas circunstancias actúe sobre la salud de forma
distinta en cada etapa de la vida. Desde el punto de vista del envejecimiento
saludable, un importante tema a investigar es la medida en que las raíces de
las desigualdades de salud en la tercera edad se encuentran en las
circunstancias socioeconómicas de la vida anterior.
De
estudios de la historia de la vida en la infancia y adolescencia se puede sacar
la conclusión de que los factores sociales probablemente operan de forma
cumulativa. Hay importantes diferencias entre las clases sociales en cuanto a
los índices de crecimiento y de otros aspectos del desarrollo físico, así como
sobre la incidencia de enfermedades infecciosas y de otra naturaleza y sobre el
riesgo de lesión. La mayor vulnerabilidad a la mala salud física durante la
infancia y más adelante en la vida adulta está relacionada con la mala situación
socioeconómica de los padres y con unos niveles bajos de educación y
preocupación por parte de los padres. Estudios transversales muestran
diferencias en mortalidad y morbilidad como una función del estado
socioeconómico, en varias categorías de
enfermedades a lo largo de toda la vida (véase también el apartado
sobre estilos de vida y otros determinantes conductuales).
Asimismo, varios estudios longitudinales han
mostrado que el nivel de educación y el estado civil tienen una importancia
grande a la hora de predecir la mortalidad. Además, la edad, el género, y el
estado socioeconómico influyen sobre la esperanza de vida sin discapacidad.
El
estado civil es
uno de los aspectos principales de la transición demográfica, puesto que es de
crucial importancia en lo que se refiere a las necesidades de ayuda
socioeconómica. En el grupo de edad de personas de 60 años y más, hay de lejos
muchas más mujeres que no están casadas que hombres solteros del mismo grupo de
edad en la mayoría de los países (tanto desarrollados como en vías de desarrollo)
en todo el mundo.
Evidentemente,
muchas de estas mujeres mayores que no están casadas en la actualidad son
viudas, y habrán perdido a sus maridos en la mediana y tercera edad debido a
los mayores índices totales de mortalidad de los hombres. En China, por
ejemplo, la gran mayoría de mujeres mayores sin marido eran viudas, con cifras
sólo insignificantes de mujeres divorciadas o aún solteras. Se encuentra un
patrón parecido entre los hombres.
La
salud del hombre al envejecer está muy influenciada por su historial laboral y
las condiciones en que desarrolla su trabajo, que en la mayoría de los países
está experimentando rápidas transformaciones. Las lesiones en el trabajo son
una causa principal de morbilidad (y mortalidad) evitable entre los hombres,
especialmente en regiones en las que las condiciones sanitarias y de seguridad
del lugar de trabajo son deficientes.
A
pesar del envejecimiento de la población, las condiciones de trabajo, incluidos
el contenido, las exigencias y el entorno de trabajo, generalmente están
organizadas sobre la base de que el trabajador medio es una persona joven y
completamente sana. La rigidez de las exigencias de trabajo a edades más
avanzadas es particularmente injusta en trabajos que requieran esfuerzo físico
pues la capacidad física humana empieza a decaer después de los 40-45 años (34). Se
deben investigar más a fondo los efectos específicos del trabajo sobre el
envejecimiento como proceso con el fin de optimizar las interacciones entre
envejecimiento y trabajo. Hoy en día, el trabajador mayor de países
desarrollados cuenta con una educación cada vez mejor, goza de mejor salud y
tiene mayores probabilidades de ser mujer que en los años 60. Es importante que
los programas de empleo modernos tengan en cuenta la realidad del estado de
salud del hombre-trabajador al envejecer, la necesidad de adecuar el trabajo a
los trabajadores que están envejeciendo y la necesidad de conseguir los
entornos de trabajo más seguros posibles.
En
la mayor parte de los países la relativa seguridad del empleo se ha visto
reemplazada por una considerable inseguridad y por períodos de desempleo cada
vez más usuales. Los índices de empleo de los hombres mayores de 60 años han
descendido en los países desarrollados a lo largo de las dos últimas décadas,
y, a principios de los 90, los niveles de participación de los hombres mayores
de 65 años en la fuerza laboral sólo en Japón lograron acercarse al 40% . Esta
inseguridad laboral tiene importantes consecuencias negativas sobre la salud
del hombre al envejecer, especialmente cuando alcanzan la edad de la
jubilación.
Muchos
países han vivido grandes cambios en los patrones de trabajo y jubilación de
sus ciudadanos de mayor edad a lo largo de las últimas tres décadas. Hoy en
día, es menos probable que la jubilación tenga lugar a una edad regulada. Han
surgido una gran variedad de enfoques para la seguridad en la tercera edad y
ahora existen varios caminos potenciales para la transición de la fuerza
laboral a la jubilación, pero casi todos en países desarrollados.
En
las últimas décadas muchos países europeos como Francia, Alemania y España
podían llevar a cabo prácticas de jubilación a edades muy tempranas gracias a
la disponibilidad de generosas prestaciones de seguridad social. Sin embargo,
en los últimos tiempos, se han reducido significativamente las rutas de
jubilación completa a temprana edad y en el futuro, a medida que los temas del
desempleo y de la falta de recursos de la seguridad social se vuelven prioritarios,
probablemente serán más difíciles de obtener y más caras. En varios países
europeos, la nueva legislación pretende fomentar la sustitución de la
jubilación completa a temprana edad por una jubilación gradual a dicha edad, y
busca que la jubilación sea más flexible y se produzca a una edad más tardía.
Como
se reconoce universalmente que la mayoría de las personas que alcanzan la edad
de la jubilación no desea jubilarse tan pronto como sea posible, la jubilación
gradual debería convertirse en una de las prioridades, tanto de los políticos
como de las empresas, para mejorar la calidad de vida de hombres y mujeres en
este período de transición. Con el fin de que los trabajadores de mayor edad
permanezcan motivados y sigan siendo productivos, la formación no debería
acabarse a los 50 años sino que debería continuarse hasta el final de su vida
laboral. Pueden verse muy buenos resultados en la formación continua en Suecia
y Francia.
Una
de las principales consecuencias de la jubilación es la de colocar a muchos
ciudadanos de la tercera edad en una posición económica de vulnerabilidad. Las
pensiones públicas son el sustento económico de las personas mayores en muchas
sociedades, aunque, en el mundo en vías de desarrollo, estos sistemas cubren a
una proporción menor de la fuerza laboral que en los países desarrollados. El
mayor coste de las pensiones públicas se da en los países desarrollados, la
mayoría de los cuales tiene sistemas de retención fiscal en la fuente de
ingresos con un gasto en pensiones que excede el producto interior bruto (PIB)
en un 9% (de promedio). A medida que envejece la población tanto de los países
desarrollados como de los países en vías de desarrollo la cuestión es cómo
mantener a las personas mayores de una forma económicamente viable en el seno
de sus respectivas sociedades. Ninguna comunidad estará exenta de las penurias
económicas experimentadas por las poblaciones que envejecen.
El
“World Development Report 1995” (Informe sobre el desarrollo del mundo 1995) realizado
por el Banco Mundial mostró datos dramáticos respecto del porcentaje de
distintas poblaciones en el mundo en vías de desarrollo que no tenían acceso a
servicios sanitarios. Como una gran proporción de éstas serían mujeres mayores
con rentas bajas tras perder a sus esposos, éste parece que sigue siendo un
problema predominantemente femenino. No obstante, puesto que la esperanza de
vida del hombre aumentará a mayor ritmo que la de las mujeres de su misma edad
en las próximas décadas, más y más hombres alcanzarán la tercera edad y estarán
por tanto afectados por la pobreza y el acceso limitado o nulo a la asistencia
sanitaria.
A medida que las
poblaciones dejan de trabajar, pierden los beneficios, no sólo económicos sino
también sociales y psicológicos, de la actividad y de tener un objetivo en la
vida. El
hombre parece ser especialmente sensible a la pérdida de trabajo y a la
jubilación. Aunque
la edad normal de jubilación en los países en vías de desarrollo tiende a ser
menor que en los países desarrollados, a menudo en estos países las personas
mayores están forzadas a trabajar durante los últimos años de su vida.
Asimismo, aunque en algunas partes del mundo hay beneficios en materia de
salud, dichos beneficios no siempre cubren adecuadamente los costes médicos,
cada vez más elevados, que conlleva la edad. Esto puede disuadir a los hombres
de avanzada edad de buscar una atención médica adecuada en los últimos años de
su vida.
Estilos de vida y otros determinantes
conductuales
Los
factores conductuales, como el consumo de tabaco, el ejercicio físico, las
actividades diarias, el consumo de alcohol, la dieta, las prácticas de cuidado
personal, los contactos sociales
y el tipo de trabajo, son determinantes importantes del envejecimiento
saludable. Aunque la investigación de estos factores se centró inicialmente en
los hombres de mediana edad, hay ahora evidencias sustanciales y convincentes
de la crucial importancia de estos mismos factores en la salud del hombre al
envejecer. No existe una edad en la cual los principales factores de riesgo de
enfermedades se vuelvan insignificantes. Los factores de riesgo de muerte
o enfermedad más fácilmente modificables
en los hombres al envejecer son el consumo de tabaco, comer en exceso (especialmente grasas saturadas, alcohol y sal) y
la inactividad física.
El papel que desempeña el alcohol es complejo debido al posible efecto de
“protector cardíaco” del consumo regular de pequeñas cantidades, y a los graves
efectos negativos del consumo excesivo.
Las
relaciones encontradas entre los principales factores de riesgo y las
enfermedades son ligeramente menos consistentes en hombres mayores que en
hombres de mediana edad. Sin embargo, los riesgos absolutos de muerte
y enfermedad son mucho mayores
en los hombres de edad avanzada y la
importancia de los factores de riesgo para la sanidad pública es incluso mayor
en estos hombres de edad avanzada.
El
alcoholismo parece ser un problema de sanidad pública específico del hombre. El
“Men’s Health Report of Vienna, 1999” (Informe sobre la salud del hombre de Viena, 1999)
mostró que una cuarta parte de la población masculina de Viena consume alcohol
a diario, mientras que sólo alrededor de un 7% de las mujeres beben alcohol
cada día. El consumo de alcohol es uno de los factores principales para los
mayores índices de mortalidad en los hombres, especialmente en hombres jóvenes
y de mediana edad. Para hombres de entre 20 y 50 años, el abuso del alcohol es
de lejos la causa más importante de admisión en los hospitales austriacos. La
mitad de todas las muertes por accidentes o sucesos violentos se deben al
consumo excesivo de alcohol. Asimismo, los mayores índices de muertes
relacionadas con el alcohol se encuentran entre hombres con un nivel
socioeconómico bajo. A causa de que el consumo excesivo de alcohol es más
frecuente en hombres sin educación superior, la mortalidad de hombres
trabajadores que contaban únicamente con los estudios obligatorios fue
aproximadamente dos veces mayor que la de los hombres con estudios superiores.
Esta variación de la mortalidad según el nivel de educación resultó ser mucho
más pronunciada entre los hombres que entre las mujeres, y es así
independientemente de la razón de la muerte (véase
también el apartado sobre los determinantes socioeconómicos).
La
investigación sobre la importancia de los factores de riesgo es especialmente
deficiente en lo referente a los hombres que envejecen en países en vías de
desarrollo. No obstante, puesto que los factores de riesgo tienen la misma
trascendencia en los hombres de mediana edad tanto de países desarrollados como
de países en vías de desarrollo, puede asumirse que éstos serán igual de
importantes para el hombre al envejecer en países en vías de desarrollo. Los
mensajes educativos sobre la salud en general, tienen sólo un limitado impacto
sobre las personas procedentes de situaciones sociales marginales. Los intentos
de mejorar el comportamiento de las personas en relación con la salud se han
basado sobre un entendimiento superficial de su situación social. El concepto de
prevención, así como el concepto de salud, es una construcción cultural y
social. Las intervenciones deben ajustarse a las diferentes culturas,
circunstancias sociales y vida pasada de las distintas personas.
Determinantes relacionados con el género
Las
diferencias de género en la longevidad, una de las características principales
del envejecimiento demográfico, han llevado a una feminización de la tercera
edad, es decir, la tercera edad está cada vez más dominada por los problemas de
las mujeres mayores. Las mujeres tienen mayor predisposición a sufrir
afecciones y discapacidades crónicas, especialmente a edades avanzadas. La
influencia de las estructuras sociales sobre la salud de las mujeres va más
allá de las causas relacionadas con los diferenciales socioeconómicos
convencionales.
Deben
realizarse más trabajos para entender la razón de que la esperanza de vida del
hombre sea menor que la de la mujer. El importante papel de la “masculinidad”
en la construcción de las expectativas del hombre, su comportamiento, y por
tanto su salud, requiere mayor estudio, y es probable que sea tan importante
como los papeles “femeninos” en la construcción de la salud de niñas y mujeres.
Debe fomentarse el desarrollo de programas de salud específicos para cada género
y la investigación sobre salud y envejecimiento.
En
sociedades eminentemente agrarias, por ejemplo en toda el África subsahariana,
la dinámica de sustento en la tercera edad está influenciada por el género. Hay
un cambio en la dependencia, de fuentes de sustento económicas a fuentes
sociales, y esta tendencia es más rápida entre los hombres mayores que entre
las mujeres de la misma edad. Por ejemplo, aunque las personas muy mayores
pueden estar “atadas” a sus hogares, las mujeres mayores aún emprenden
“pequeñas actividades comerciales”. Los hombres mayores, por su parte, no son
capaces de aprovechar las mismas oportunidades de generar ingresos debido a
ideas tradicionales de impropiedad. Las oportunidades de sustento basadas en el
género suponen que los recursos y oportunidades de los hombres de la tercera
edad a menudo disminuyen antes que los de las mujeres.
Determinantes culturales
Las
diferentes culturas asignan diferentes valores a los papeles que desempeñan las
personas mayores en sus sociedades. En determinadas culturas, a las personas
mayores se les asignan tareas gubernamentales u otros deberes importantes, y se
les trata con gran respeto como líderes de la comunidad. El impacto concreto
del envejecimiento sobre la salud de los hombres indígenas de mayor edad
prácticamente no se ha estudiado. Se sabe que algunos hombres indígenas de edad
avanzada, por ejemplo los maorís de Nueva Zelanda, están en una situación muy
mala desde el punto de vista sanitario, a pesar de su relativamente alta posición
social y cultural.
En
países industrializados, a menudo se saca a las personas mayores de los
patrones de la vida normal cuando sus familias ya no pueden ejercer su papel de
cuidadores, y entonces se les “reubica” en clínicas y residencias para ancianos.
Estos entornos pueden llevar a un deterioro del estado de bienestar físico y
psicológico, y marcar el comienzo de graves empeoramientos de la salud. Grupos
como Círculo de Abuelos han hecho hincapié sobre la importancia de reincorporar
a las personas mayores a las comunidades. El éxito de su programa demuestra lo
importante que es dicha reintegración tanto para las personas mayores como para
los jóvenes. Las personas mayores pueden ayudar en tareas como hacer cola para
obtener comida, vigilar a los niños pequeños, y enseñar a los niños en edad
escolar detalles sobre su historia y experiencias sociales. Es simplemente
cuestión de encontrar el tiempo y el interés en grupos culturales para poner en
marcha programas de este tipo.
En
todo análisis sobre los determinantes culturales que influyen en la salud del
hombre al envejecer es esencial estudiar el tema de los papeles sociales que
desempeña el hombre, las ideas de machismo y masculinidad, que impregnan los
conceptos culturales sobre el envejecimiento. En aquellas culturas en las que
dichos ideales de masculinidad son cruciales en la percepción de uno mismo, el
envejecimiento puede convertirse en un proceso especialmente negativo e incluso
psicológicamente debilitante. La depresión, la ansiedad y el suicidio se hacen
cada vez más frecuentes a medida que el hombre envejece. El análisis de estas
tendencias ha ido más allá del campo biológico y se ha centrado sobre el
significado social y cultural del envejecimiento. En culturas en las que el
hombre está devaluado en razón de su edad avanzada, en las que el aislamiento
está inducido tanto por uno mismo como por la sociedad, no sorprende que
aumenten los índices de trastornos afectivos y del estado de ánimo, y de
suicidios. El reto está en llevar a cabo con éxito programas educativos en las
comunidades afectadas, para intentar cambiar su percepción del envejecimiento y
el papel del hombre en dicho proceso. Crear y poner en marcha actividades y
programas educativos que traten asuntos de nutrición y ejercicio físico también
está determinado por el entorno cultural.
Determinantes políticos
Las
diferentes decisiones políticas moldean el entorno social y económico en el que
envejece el hombre, y tienen un efecto importante sobre la salud del hombre al
envejecer. Los planes de acción que incluyan programas de seguridad social y de
seguros, por ejemplo, pueden proporcionar la ayuda económica y social necesaria
para la creciente población de personas mayores. La colaboración de grupos de
defensa de la salud en tareas como ejercer presión sobre los encargados de
diseñar los programas y crear un ambiente de concienciación general es un
elemento clave para que se atiendan las necesidades sanitarias de los hombres
al envejecer. Por otro lado, las personas que crean los planes de acción
necesitan, a su vez, utilizar los recursos que pueden proporcionar los
integrantes más mayores de dichos planes.
Las
organizaciones no gubernamentales (ONGs) proporcionan apoyo activo para la
salud a nivel de desarrollo local. Estos grupos, que funcionan tanto en países
desarrollados como en países en vías de desarrollo, son miembros básicos de la
cadena de información, pues tiene contacto directo con la población. Las ONGs
que trabajan activamente en el ramo de la salud, como el Círculo de Abuelos en
Cuba, la Geneva international
Network on Ageing (red internacional sobre el
envejecimiento, Ginebra) en Suiza, y la específica sobre envejecimiento del
hombre (ISSMA), son indispensables, pues conciencian al público
en general y movilizan a las partes interesadas a implicarse en la maquinaria
para modificar los programas.
Además
de las diferencias de género en la esperanza de vida y enfermedad, las
enfermedades a las que se enfrentan las personas mayores difieren de las que
sufre la población en general, igual que difieren los sistemas de asistencia
sanitaria, y las capacidades económicas y sociales para cuidar dichas
enfermedades. Por consiguiente, es vital tener en mente las diferencias
culturales y económicas entre distintas partes del mundo a la hora de
desarrollar estrategias de acción mundiales para ajustar las diferencias de
género y el cambio demográfico que aún continúa. La “relación población
trabajadora - población dependiente” está menguando y, en un futuro próximo,
podría haber demasiados pocos trabajadores jóvenes para proporcionar el apoyo
social necesario para sus parientes más mayores. En conjunto, la menor
población en edad laboral podría no contar con las reservas económicas
necesarias para ayudar a miembros mayores de sus familias. La solución puede
que se encuentre en colocar mayores obligaciones sobre programas estatales ya
infradotados y devolver la responsabilidad a las personas mayores. En muchos países en vías de desarrollo, en
los que el PIB per cápita es de sólo 200$ americanos (frente a los 23.262$
americanos en los países desarrollados), hay gran preocupación sobre la
capacidad monetaria de futuros programas estatales y sistemas de asistencia
sanitaria. Las prioridades de salud de los hombres mayores deberán definirse en
el contexto de los sistemas actuales, pero con la vista puesta en las futuras
tendencias demográficas, sociales y económicas.
Determinantes espirituales y religiosos
Aparte
de los factores culturales y sociales, pero interactuando con ellos, se
encuentran los asuntos que rodean a la espiritualidad. Las creencias
espirituales y las prácticas espirituales pueden tener consecuencias tanto
sobre la respuesta de una persona ante determinado estado de enfermedad como
sobre el resultado final de un proceso de enfermedad. Evidentemente, elementos
espirituales como la adaptación y aceptación tienen consecuencias positivas
sobre el curso de los cánceres, sobre los trastornos por abuso de sustancias
nocivas para la salud, y sobre otras enfermedades; la ansiedad y la
indiferencia son claramente factores negativos para la mayoría de las
enfermedades.
La religión influye de
manera importante en la vida humana y ha ejercido dicha influencia sobre muchas
decisiones políticas. La religión también desempeña un papel crucial en la
estructuración de la vida de muchas personas. Las creencias espirituales y
religiosas constituyen grandes ayudas a la hora de enfrentarse positivamente
con enfermedades graves, y a menudo quedan como única referencia.” (Fuente OMS,
2001).
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