
Me imaginaba que no lo era. Los contrarios son la esencia de la humana y cósmica existencia me repetía. El universo se expande y luego se contrae hasta un nuevo big bang. Todo lo que crece, decrese. La oscuridad es vencida por la luz y la luz por la oscuridad. El que nace siempre muere y el que muere siempre nace. Todo lo nuevo se hace viejo y lo viejo se vuelve a poner de moda (si Ud. es Señor, cualquier duda al respecto, consultarla con su señora, si Ud. es Señora, ya sabe a que me refiero) La vida es cíclica, el árbol antes de morir deja caer su semilla y de esa semilla nace un nuevo árbol. De este modo llegué a la conclusión que observaría con mucha atención lo que la gente hacía para dejar pasar el tiempo y luego yo haría exactamente lo opuesto.
Mi tarea empezaría justo ese día con un recorrido por mi Calle del Olvido visitando a cada uno de sus habitantes y llevando una cámara de video. Mivecino al verme tan decidido, agudamente me hizo notar, ahora él, que en ese tiempo las cámaras de video no habían sido inventadas. Para no perder mi tiempo en discusiones vanas, omití responderle y me fui directamente a la escuela para hablar con su directora. Como recordarán mis lectores, fue justamente ella la que extorsionó al alcalde para la fijación del letrero “Calle sin Entrada” y así evitar la llegada al barrio de los vendedores de tortillas de rescoldo que con sus laaaaaaargos gritos interrumpían su clase de química.
Grande fue mi sorpresa (digo “grande” siguiendo la lógica de todos los cuentos, en que por antonomasia las sorpresas son grandes, ya que si fueran chicas dejarían de ser verdaderamente sorpresas) cuando me enteré que
Inútil fue también mi esfuerzo por encontrar a cualquier otro miembro del cuerpo docente o del staff administrativo, mucho menos algún alumno. Todos habían tenido la excusa perfecta para no asistir a la escuela, ya que si vivían en otras calles no podían entrar al Olvido y los que si tenían sus casas en nuestra calle, fueron los primeros en ir (Oh! paradoja) a la protesta de los sin casa que como ya es de público conocimiento, fue disuelta en una abrir y cerrar de ojos por la lluvia ordenada por la autoridad para cumplir con lo dictaminado por el reglamento 122, inciso 4º, párrafo 11 y 12, sobre el ahorro del líquido elemento en años de sequía, de los carros policiales denominados graciosamente guanacos y que son tan solicitados por los estudiantes para aparecer en los noticiaros de TV. (continuará)
* Nota del Autor:
















Corrección párrafo cuarto
Los duendes cibernéticos traslaparon unas frases del párrafo cuatro. Su redacción correcta es la siguiente:
Grande fue mi sorpresa (digo “grande” siguiendo la lógica de todos los cuentos, en que por antonomasia las sorpresas son grandes, ya que si fueran chicas dejarían de ser verdaderamente sorpresas) cuando me enteré quela Maestra hacia largo tiempo había salido de nuestra calle para ser atendida en forma urgente por un pedicuro que vivía al otro lado de la ciudad y que por haber vivido en el Tibet en alguna de sus vidas pasadas, era el único que entendía la geografía de sus callosidades. Como es natural su salida de la calle fue sin regreso, ya que como suele suceder en la vida real, calló en su propia trampa al encontrarse a boca de jarro (este jarro no tiene nada que ver con el jarro de agua de la estudiante famosa en la fronda* folclórica chilensis), con el letrero “CALLE SIN ENTRADA”.