No es llegar y comprarse un sofá: Capítulo 1... de 6

Enviado por Primavera Silva Monge el 14/07/2008 a las 12:26
Primavera Silva Monge

PARTE 1:

Pareciera ser cualquier cosa... pero no lo es. En primer lugar, como tipejos de clase media, uno no se anda comprando sofás así como quien compra pan, por lo cual, a la hora de elegirlo hay que pensar en muchas cosas, tales como: La calidad, el tamaño de acuerdo a quienes lo usarán, el color, la textura, el gusto de los componentes del hogar, la capacidad de endeudamiento y otros detalles que no contemplamos y cuya experiencia nada más servirá para compartirla, ya que dificilmente nos compraremos otro en nuestra vida de precasados. Por tal motivo, a continuación les relato una historia sencilla y profunda a la vez, que pudo costar desde una profunda sensación de fracaso hasta un homicidio involuntario. El relato se divide en seis capítulos, los que recomiendo leer en orden, siendo éste, el primero. Veamos:

Cada día se hacía más difícil incorporarse del antiguo sofá, que artesanalmente, cierta vez decidí partir en dos. Ya no daba para más... había recibido varias refacciones y esa última lo había dejado muy cómodo mientras no tratáramos de pararnos... En los últimos días, descubrimos que lo más fácil era tirarse al suelo y gatear hacia una mano amiga que nos ayudara a incorporarnos dignamente.

Como lo anterior nos parecía bochornoso de hacer, especialmente delante de las visitas, fuimos craneando cómo engañar al presupuesto para adquirir uno nuevo, grande, hermoso, exclusivo... nuestro. Hicimos la locura y tras el proceso de encalillamiento por tres años, debíamos esperar sólo quince días para que nos llegara a la casa. Una buena compensación, que aceptamos con harta paciencia. Retapicé los antiguos sillones y los regalé para la casa de campo de algunos seres más jóvenes, pensando que en vacaciones, a nadie le importaría no poder pararse de un sillón, ni mucho menos tener que gatear para dicho efecto. Así que sin tener donde sentarnos... esperamos varios días, como decía, con paciencia de santo.

Este camión blanco trae nuestro lindo sofá. Con gran esfuerzo y varios cálculos de ingeniería moderna, se le designó un espacio de dos metros y medio dentro del living... y el allegado mide sólo dos metros treinta. ¡Perfecto!

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Por otra parte, descubrimos que aunque el ascensor también mide dos metros cincuenta de alto... el sofá no cabía de ninguna manera. Bajé con huincha en mano a cerciorarme con mis propios cuatro ojos. No cabía y los cargadores oficiales me lo dejaron en la entrada del edificio. Como era horario de trabajo, las llamadas al pre marido, para que se comunicara con atención al cliente, iban y venían, pero finalmente, no encontramos una ley, que obligara a los tipos cascarrabias a dejarme el sofá en el domicilio... ¡Que está como 19 pisos más arriba! Mala suerte para el recién llegado, pero así son las cosas en nuestra vida y si quería ser parte nuestra, tenía que empezar a divertirse con nuestra diaria aventura de vivir.

Los muchachos de conserjería me dijeron que ellos lo subirían por las escaleras... Le consulto al pre marido de puro señorita que soy, ya que las finanzas las manejo yo... ¡Y muy bien, por si acaso....!

-¿Cuánto me cobran? Les pregunté.

-Cien pesos por escalón...

O me iba a contar los escalones... o acordábamos una suma atractiva que cerrara el negocio de una buena vez. Hice lo último y quedaron de subirlo como a las siete. Medio muertos llegaron, pero antes que René, como prometieron, para sorprenderlo con el mueble ya ubicado en el lugar determinado por la autoridad, o sea, por mí. Lo dejaron frente a mi puerta, como quien deja una carta... Es que no pasaba más allá.

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Ya visto que no cabía por el ancho de la puerta... un poco avergonzados... quisimos meterlo al departamento casi a la mala, es decir, con un gran serrucho y hachas filudas en nuestras respectivos globitos de imaginación. Pero nos calmamos para buscar verdaderas soluciones...

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No cabía y no cabía. Decidimos empilucharlo como para que entrara en confianza y colaborara un poco por lo menos... Le sacamos los cartones y resto del poco embalaje que traía, pero nada... Aún no cabía y sólo en ese estado de euforia (¡&&%%$!) se nos encendió la ampolleta y pensamos que... talvez... a lo mejor.... si sacábamos la puerta de entrada... A esas alturas de la presión sanguínea, ya nos conformábamos con que entrara al departamento y poder cerrar nuestro hogar a los ojos intrusos. Así que rápidamente sacamos la flamante puerta y metimos el sofá cual supositorio por el hueco que procuramos enanchar.

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Ahí quedó nuestro lindo sofá, como una tranca tapizada entre la puerta de entrada y la puerta del escritorio. Tratando de mantener la calma y el sentido del humor que nos caracteriza en público y privado, vimos que teníamos una real posibilidad de conocernos con el dichoso mueble, pero desde otra perspectiva... un poco más íntima. Así, nos dió mucha penita descubrir que venía de progenitores explotadores, que era anoréxico y de un esqueleto flaquito a duras penas forrado en pellejo y relleno. Emitimos los respectivos ¡&%&%! de sorpresa por la frescura de los fabricantes y comerciantes y... ¡Manos a la obra! ... porque su entrada triunfal llegó sólo hasta taponearnos el pasillo y vulnerar nuestra paciencia.

Nuevamente acudieron perversas imágenes de serruchos y sierras eléctricas a nuestras mentes enfermas de ira. Para mis adentros y medio avergonzada por la elección y el fracaso en la toma de las medidas, pensé: Lo divido en dos y vuelvo a tapizarlo, aunque parezca un cuento de nunca acabar. Pero iban dándose soluciones y el sofá logró sobrevivir de una pieza. Ahora, sólo había que sacar...¡También! ...la puerta del escritorio.


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Quiero pensar que estábamos demasiado cansados... porque no fue una idea muy sabia. No estábamos viendo más allá de nuestras narices... porque ahora, el dichoso mueblecito, topaba en las paredes de la biblioteca, la cual... de seguro habría que desarmar completamente y para ello.... antes habría que desarmar el escritorio en sí, para lo cual... se desenchufaría el PC, impresora y todo lo sacable. Luego... habría que sacar todos los libros de la biblioteca, la cual, afortunadamente sólo llega hasta el techo... ¡Por suerte que la aseguramos bien la última vez que la desarmamos! ¿Les dije que nosotros mismos diseñamos y a veces, hasta nos hacemos los muebles? Pues sí. No será ninguna finura, pero son nuestros bien nuestros y lo mejor de todo, nos sirven de verdad.

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Bueno, ante las expectativas de tanto trabajo, decidimos dejar todo tal cual por un rato y tratar de encontrar una buena solución. El sofá obstaculizando la entrada al escritorio y la salida del departamento, separando el living y la cocina del resto de la casa... no era muy alentador. Necesitábamos reposo... Necesitábamos las mentes despejadas para tener ideas más brillantes. Ya estábamos bastante malhumorados, pero tratábamos de hacernos los "japi-japi". ¿Seguiríamos toda la noche en nuestro intento o dejaríamos energías para la mañana del mañana? No se pierda el próximo capítulo, porque....

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Continuará en Cap. 2

Primavera Silva Monge

Etiquetas:

caso insólito....

Enviado por el 14/07/2008 a las 21:22
dominique sura  vasquez

Hola Primavera, espero ya estes más relajada y por supuesto ya descansada. Te aconsejo tomar medidas cuando quieras cambiar el comedor porque, la mesa si que no te caera... no, no es un caso insolito lo que te sucedió, pero te aconsejo para si algún día quisieras cambiar cama y si compras un box spring ahí te quiero ver como entrarías el colchón de un box. Moraleja: compra con huincha en mano, sin huincha no.

Espero la 2da. Parte.

Consejo al hacer cambios: ¡¡tómate un Armonil!!


¡JAJAJA!

Enviado por el 15/07/2008 a las 9:09
Primavera Silva Monge

Si somos re' relajados.... No pasa na' con el armonyl. Si esto es pura chacota enchapada en problema. Además, ya llegamos con un Box Spring acá. Lo que pasa, es que todavía no conoces mi cama, para que veas los tremendos muebles que he entrado en mi departamento. Al final, los he tenido que hacer todos a la medida. Los antiguos, no caben ni a palos...

Más tarde, supongo que sale la segunda parte de 6 capítulos... ¡Chao, y gusto de conocerte...!


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