Gabriela Mistral

Enviado por María Angélica Rivas Núñez el 01/06/2008 a las 20:57
María Angélica Rivas Núñez

Gabriela Mistral ha vuelto después de 50 años de su fallecimiento y nos podemos acercar a ella visitando la exposición que hay en la Biblioteca Nacional, leyendo la edición especial de la revista Patrimonio Cultural Nº 46 año XIII verano 2008 o escuchando la  selección de poemas que musicalizó Alex Vigueras con el título: Cantata Latinoamericana Meciendo, recientemente presentada en la Biblioteca Nacional. El propio autor nos presentó así su obra

Palabras con ocasión del lanzamiento del disco “Meciendo”
(Biblioteca Nacional, 29 de mayo de 2008)


1. Agradecimientos

Agradezco al Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes, la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM), la Universidad Alberto Hurtado y la Fundación Coudrin de la Congregación de los Sagrados Corazones por el valioso apoyo que nos han brindado. Agradezco a los integrantes del Coro Universitario de Santiago, a Pablo Carrasco -su director- y a todos los músicos por el cariño en la interpretación y su talento, a Magdalena Matthey por su interpretación bella e intensa y a Ximena Rivas por entrar tan a fondo en el corazón de Gabriela. A Daniela de la Fuente por su profesionalismo, a Nelson Plaza por sus dibujos plenos de humanidad y belleza. A Cristián Díaz por su ayuda tenaz y Cecilia Sotomayor, que fue quien me condujo a las páginas de “Desolación”. A Alfonso Pérez por su orientación siempre sabia y a Luciano Valdebenito por toda la pasión que ha puesto en este trabajo. A mi familia por su apoyo incondicional.

2. Presentación de la cantata

Elza.
Era un día claro. Detrás del féretro caminaba ella sola, con un ramo de flores blancas y amarillas en las manos. Jamás podría imaginar que, además de esas flores blancas y amarillas, ella sostenía en sus manos la esperanza del mundo.
Era el funeral de su hijo adoptivo, Sandro Nascimento.
Él fue un niño más de las favelas de Río de Janeiro que a los tres años presenció el asesinato de su madre. Quedó de tal modo impactado, que se escapó de la casa. Una noche, cuando dormía junto a otros niños en las escaleras de la Iglesia de La Candelaria en el centro de Río, fueron sorprendidos por un “escuadron de la muerte” que les disparó a mansalva. Ocho niños murieron. Sandro Nascimento sobrevivió.
El día anterior a su funeral había secuestrado un bus de la locomoción colectiva haciendo varios rehenes. Una de las rehenes –en una fracasada operación de rescate-murió con tiros de la policía y del propio secuestrador. Poco después Sandro –que había salvado ileso- murió asfixiado por los policías cuando lo llevaban en el radiopatrulla.
¡Benditas tus manos madre sola que llevan esas flores para el que ni siquiera es tu hijo por la sangre! ¡Bendita tu alma madre sola que rinde ese último homenaje al delincuente, secuestrador, homicida, hijo, siempre hijo, ante todo hijo! ¡Bendito tu amor de regalo, tu llanto sincero que no teme a que comenten : “Miren a la madre del delincuente!”. ¡Bendito tu inmenso amor!
Era un día claro. Detrás del féretro caminaba ella sola, con un ramo de flores blancas y amarillas en las manos. Jamás podría imaginar que además de esas flores blancas y amarillas, ella sostenía en sus manos la esperanza del mundo.

Matilde.
Era un día oscuro, otro de esos días oscuros. Ella estaba en la puerta de la clínica. En su vientre llevaba la vida nueva, un hijo pequeño de sólo algunos meses. Trabajaba como prostituta y había quedado de nuevo embarazada, claro, de un hombre diferente. Sobraban los argumentos para el aborto ya convenido, sobre todo pensando que este sería el séptimo hijo.
Era un día oscuro, otro de esos días oscuros. Pero de pronto sobreviene un brillo en sus ojos, tal vez al sentir los latidos en su adentro y se regresó a su casa.
“Siete veces estuve en la puerta de una clínica abortiva y siete veces me fui de allí. Ahora vivo feliz con mis siete hijos”, fue la frase que le oí personalmente.

Por qué buscamos tanto a hombres y mujeres santos entre inciensos y mitras. En los espacios certificadamente sagrados. Salgamos a las calles, entremos a los conventillos, a los barrios y bares “de mala muerte” y encontraremos santidad en abundancia. Escuchemos el susurro del Espíritu que se asoma en las entrelíneas de cumbias, tangos y boleros. Si ser santo es amar, amar hasta darlo todo, amar dándose; he conocido mujeres santas allí donde nadie podría imaginarlo; ellas me llevaron a creer con más fuerza que “donde abundó el pecado sobreabundó la gracia”.
Es la experiencia de estas mujeres lo que me dio un horizonte particular para leer la poesía de Gabriela. Desde ellas sus versos adquirieron una profundidad inusitada, un profetismo fascinante, una perplejidad empapada de misterio.
La cantata “Meciendo” tiene como tema central la maternidad tal como es abordada por Gabriela en los “Poemas de las Madres”, “Poema de la madre más triste” y las “Canciones de cuna” del libro “Desolación”.
En la primera parte la maternidad aparece como un estado de gracia. Un milagro inmerecido. Quien hace esa experiencia está como que transfigurada, llena de gozo y con mil expectativas. Desde ese punto tan nítido y concreto de su vientre, desde ese latido “aquí” y “ahora”, se abre a la trascendencia e intuye que alguien está detrás de tal milagro: “Dios Padre sus miles de mundos mece sin ruido. Sintiendo su mano en la sombra, mezo a mi niño”. La maternidad es como una clave para comprender el mundo: “Creo que árboles y cosas tienen niños dormidos sobre los que velan inclinados”: todo es abrazo, todo es ternura; es como si todo el mundo estuviese envuelto en las cadencias de una canción de cuna.
En la segunda parte irrumpe el drama de la maternidad: de la madre soltera, de la madre abandonada, de la madre pobre, de la madre que sufre con el dolor de su hijo. Es el drama del desprecio, incluso, de la madre hacia el propio hijo que ha sido la causa de ser ella misma despreciada: “Para qué viniste? Si el que te trajo te odió al sentirte en mi vientre?”. Sin embargo ahí reaparece la maternidad con toda su fuerza: “Para mí viniste, para mí que estaba sola”. Este momento es, tal vez, el clímax de la cantata: no hay coro ni instrumentos, solo un hilo de voz, trémulo, frágil, pero que todo lo sostiene porque es el momento en que todo adquiere un sentido. He conocido a mujeres que solo no se han suicidado porque son mamás. Porque al ver a sus hijos revive en ellas la intuición de que son algo, de que no son ni cosas ni basura. Y así, entre el abandono, la vergüenza y el dolor, la maternidad las dignifica.
En la tercera parte y final aparece la madre frágil, niña, necesitada ella misma de un regazo, de que le canten las canciones de cuna que ella tanto ha cantado. Después de haber aparecido como guerrera, dispuesta a todo para defender a sus hijos, se recuesta en el regazo de su propia madre y vuelve a sentirse niña. Esta fragilidad ahora reconocida, lejos de disminuirla la agiganta, la hace plenamente humana. En esa madre niña se revela lo más profundo de lo que somos todos: hijos necesitados de un regazo. Esa necesidad nos humaniza, esa humanidad nos hermana.
Sin lugar a dudas es la mujer la que protagoniza esta obra. Es Gabriela que quiere reivindicar ese estado sagrado de la maternidad, exclusivamente femenino. Ese protagonismo se expresa con claridad en el lugar central de las mujeres en la cantata: el canto de Magdalena, la narración de Ximena, el destaque de las voces corales femeninas. Los hombres quedamos en segundo plano y, cuando aparecemos en el relato, quedamos mal parados. Sin embargo somos algunos hombres los que hemos trabajado en esta obra con un cariño inmenso: Luciano Valdebenito, Alfonso Pérez, Nelson Plaza y yo. Va en las entrelíneas -y en las entrenotas- un homenaje sincero, lleno de admiración, pleno de ternura para esas mujeres que entre flores blancas y amarillas sostienen en sus manos la esperanza del mundo.

Alex.

La inolvidable Gabriela Mistral Gran Poetiza

Enviado por el 30/06/2008 a las 21:13
Hector Reyes Gallardo

Una mujer inolvidable con sentimiento de causa. Sobrepasó los límites de literarios dedicando sus escritos a los niños quienes eran sus regalones. Gabriela está viva.

 


Comentarios de este artículo en RSS

COMENTARIOS

HERRAMIENTAS COLABORATIVAS

RSS Technorati Creative Commons

Noticias

Noticias de SENAMA

Cargando contenidos...