Transantiago: Adultos mayores desprotegidos

Enviado por Willi Kaufmann Cabiol el 28/05/2008 a las 18:14
Willi Kaufmann Cabiol

Transantiago

Renacer (parte I)

Sucedió hace exactamente un mes, el 28 de abril de 2008. No obstante es una de las situaciones límites fuertes que me ha tocado experimentar, no se por qué, pero me surge vergüenza y pudor de contarlo. Tal vez de haber sido algo tan público, se transferenció en mí inconsciente como algo demasiado íntimo y bobo a la vez. Puede ser que en mi “Yo” más profundo esté censurando mi torpeza y que la precariedad del momento vivido acuse a mi vejez dando sus primeras señas y eso me duele, o tal vez no sea “dolor” la palabra más indicada, aunque suene más misericordiosa que “impotencia”.

A eso de las siete de la tarde me encontraba en la “zona paga” (corral, para ser más explícito) del paradero Escuela Militar del Transantiago con dirección al oriente. No puedo arriesgarme a calcular cuantos pasajeros nos encontrábamos allí, pero sí a decir que éramos muchos (con “h” de hartos). El chiste de estos lugares es que la tarjeta “bip” se valida a la entrada y ello da la posibilidad de subir a los buses por cualesquiera de sus puertas, haciendo más expedito el abordaje. En habitual que una de las puertas más accesibles sea la tercera y si la suerte es propicia, hasta es posible sentarse, cuando un poco común, pero si muy cortés pasajero cede el asiento reservado para el adulto mayor, minusválidos y señoras embarazadas.

También es normal que en horas de mucha aglomeración se encuentren auxiliares de uniforme amarillo ayudando a que el embarque se haga con algún orden y que los conductores no arranquen la máquina hasta que los usuarios hayan subido y las puertas se encuentren debidamente cerradas (así lo estipula por lo demás el reglamento, lo que, como es muy sabido en nuestro querido Chile, no siempre garantiza que se cumpla).

Como también es habitual en nuestra sistema de transporte público, hay momentos bastante largos en que no se ve un bus por ninguna parte y en otros en pasan cuatro, cinco y hasta siete máquinas formando un verdadero tren (siempre me pregunto si no será que estos buses en sus vidas pasadas habrán sido carros de circo y que por ello está en su naturaleza andar en caravana). Esto es lo que sucedió exactamente ese día. A la llegada del convoy, cientos de personas se dispersaron a lo largo paradero tratando de adivinar los número de los recorridos, ya que a ninguno de los ingenieros en transporte que diseñaron el sistema, se le ha ocurrido lo simple, barato y útil que sería que al lado de las puertas (o por lo menos en la primera) haya un letrero con el número de ruta. Cuando uno ya no es muy joven (o sea con presbicia avanzada), cuando hay cientos de personas aglutinadas en los panes de molde que replican las zonas pagas, cuando llegan varios buses, todos del mismo color, la misma marca y al mismo tiempo y deteniéndose a solo centímetros uno del otro, y se produce una estampida humana por abordarlos, es muy, pero muy difícil saber cual es cual. En estos casos el instinto puede ayudar bastante, como también los gritos de júbilo de los bendecidos por el azar de disfrutaron de la visión de algún letrero y que cantan los números como si se tratara de un bingo. Así fue como me enteré que unos esos acordeones era el 401 y corrí a alcanzar la tercera puerta. En mi mano izquierda llevaba un maletín y con la derecha me aprehendí a una de las manillas que llevan las puertas por su lado interior. Antes que mi cuerpo alcanzara a entrar, la puerta se cerró violentamente arrastrando mis pies fuera de la pisadera y atrapando al mismo tiempo mi brazo derecho con sus aletas con tal firmeza que quedé literalmente colgado y con mis piernas rozando las ruedas, mientras el bus se ponía en marcha.

Tal vez fueron sólo segundos que para mí duraron una eternidad y metros (tal vez unos 15 o 20) que parecieron kilómetros, en los que percibí que mi vida estaba llegando a su fin en forma trágica o al menos que quedaría brutalmente mutilado. No logro recordar que pasó por mi mente en esos instantes, estaba poseído por la angustia y la única sensación que me hace sentido, es de incredulidad, de un pensamiento relámpago que me decía: no me puede estar pasando esto, debe ser un sueño. La realidad era que si me soltaba del atrapamiento, podía caer bajo las ruedas. Si seguía colgando mis piernas serían arrastradas y despedazadas o mi cuerpo terminaría aplastado entre dos buses. Lo que sigue fue insólito, mi brazo terminó por zafarse y caí de bruces al borde la cuneta, pero estaba sano y salvo. No sentía heridas, mis ropas no se habían rasgado, mis manos, mis piernas y mi cara no tenían daño. ¿Cómo salí indemne de una situación tan crítica?, es un misterio que tendría que esclarecer mi Ángel de la Guarda. Pero no sólo por esto quedé sorprendido, estuvo presente también al otro lado de la moneda la actitud pasiva e indolente de las personas que estaban allí. Nadie hizo el menor ademán de ayudarme, como así también ninguna persona gritó o intentó advertidle al chofer lo que pasaba. El auxiliar de casaca amarilla no se inmutó y cuando ya recuperado de mi percance le reproché por no haber hecho nada para que el bus se detuviera, simplemente me notificó que los conductores no les hacen caso, o sea ¡daba lo mismo!

Perplejo hasta ahora, doy infinitas gracias a Dios y a sus angelicales salvadores. Sin duda que en algún momento llegaré al final del camino, gracias Dios también, no se el cómo ni el cuando, pero hoy en el horizonte imaginario de mi existencia puedo ver el brillo luminoso de “siete” letras que dicen: RENACER

Me impresiona

Enviado por el 29/05/2008 a las 12:38
María Ignacia Valenzuela Dintrans

Willi, quede perpleja...

Realmente impresionante historia.

No tengo comentarios que sean validos respecto a lo que paso. Sólo como tú, estar agradecida que estás bien. Eso es lo único bueno de todo esto.

El tema da para mucho, hace aproximadamente un mes la mamá de una de las niñas que trabaja en la BCN fue atropellada por un transantiago, todo este tiempo a estado internada.

Realmente increible.

Dando gracias a Dios que estas bien... Muchos cariños y fuerza.

Maria Ignacia


Al diario

Enviado por el 29/05/2008 a las 12:41
Romina Leticia Millán F.

 

Willi:

Esta misma información que nos enviaste, puedes mandarla a los diarios capitalinos, para que sea publicada en las cartas al director, te aconsejamos sí, que acortes un poco tu texto, recuerda que los diarios aceptan sólo una cantidad determinada de  caracteres


Naufragos en el Transantiago

Enviado por el 29/05/2008 a las 12:52
Ricardo Aliaga Bascopé

Querido Willi: ¡Que terrible experiencia! ¡Que bueno que sobreviviste y podemos seguir contando contigo! Ojalá tu valioso testimonio sea tomado en cuenta.

Me parece que en esto de los transportes, los mayorcitos somos como solitarios naúfragos. No existimos, salvo cuando necesitan de nuestros votos. No existimos para quienes diseñaron estos buses cuncuna. Con sus asientos estrechos, incómodos y, a veces, de muy difícil acceso, por la altura en que están ubicados. Con interiores inseguros, a veces no hay de donde tomarse. Los timbres para solicitar detención están ubicados como a la buena de Dios. Hay puertas que en algunos buses no se abren (la que sigue a la entrada por donde suben los pocos que pagamos el pasaje y también los muchísimos que pasan bajo los torniquetes). Con choferes que parece que van en la más profunda de las meditaciones. Y con pasajeros haciéndose los dormidos cuando hay embarazadas, ancianos o personas con discapacidad. (Esto último se ve también en nuestro ex-glorioso Metro).

Espero que llegue el día en que los que diseñen estas maravillas, hagan uso de ellas para que vean todas sus falencias y hagan ¡Al fín! Un diseño uniforme y apto para seres humanos.

Si ahora nuestros medios de transporte adolecen de tantas deficiencias y está colapsado ¿Como irá a ser cuando más de 11.000 hectáreas de tierra, que circunvalan Santiago, sean desafectadas para que este monstruo que es nuestra capital crezca aún más? ¿Como circulará el ya saturado parque automotríz en esas zonas donde se construyen esas megatorres para miles y miles de personas? Y nuestro contaminado aire ya no será tal, sino un gas espeso y letal.

Creo que en nuestro próximo Bicentenario habrá más lamentos que celebraciones...


Indescriptible

Enviado por el 29/05/2008 a las 13:42
Veronica Ortega

Cada vez me sorprendo más de la calidad "inhumana" de las personas que nos rodean en la vida cotidiana.

Hace unos pocos meses, una amiga se sentó en el asiento de atrás del chofer en una micro que se dirijia de Valparaíso a Viña. Al llegar a la altura de Avenida Argentina, una persona pagó el pasaje, le quito la cartera y se bajó. En esos momentos habían al menos 6 personas paradas alrededor del individuo y nadie hizo nada por atraparlo.

De ahí en adelante, me quedó muy claro que se están viviendo nuevos tiempos, tiempos que al igual que en Canada, USA y muchos paises nórdicos, la preocupación es sólo por el individuo y no por la masa humana.

Yo sugiero que además de hacer llegar este relato al diario el Mercurio, haga un reclamo en la página web del Transantiago.

Saludos


Muy lamentable

Enviado por el 29/05/2008 a las 15:36
Nancy  Villegas  Herrera

Querido Wili:

Es muy lamentable lo que te ha ocurrido, afortunadamente contabas con la protección de tu Angel de la Guarda.

Nosotros, como usuarios del nuevo sistema de transporte, hemos quedado con una gran desventaja y somos víctimas de la indolencia de los conductores, de los vehículos incómodos que no nos ofrecen ninguna seguridad al abordarlos y creo que en general las personas actualmente no son para nada solidarias.

Debes de hacer presente a los medios de comunicación escrita, la situación por la cual pasaste, como también a la página del Transantiago, ya que los que pusieron esto en marcha, tienen muy poca idea de los problemas que han ocasionado a la población.

Un abrazo muy solidario para ti.


El milagro y la tristeza

Enviado por el 29/05/2008 a las 16:43
María Violeta Güiraldes del Canto

Que bueno que estas a salvo.

Muy impactante tu experiencia. Me recordo de inmediato algo similar que me ocurrió cuando era chica y un trolley atrapo mis zapatos al lanzarme en los brazos de mi madre para bajar. Esto fue en la Alameda y mi madre corrio sujetandome, lo cual podría durar sólo unos minutos hasta que el vehículo tomara más velocidad. Afortunadamente mi hermana había quedado dentro del bus y toco el timbre hasta que le abrieron. Son momentos en que de alguna forma se renace. No recuerdo tampoco que nadie más se haya preocupado de lo que pasó, y esa es la gran tristeza.

El tiempo pasa, los sistemas de locomoción cambian pero los seres humanos permanecen igual.

 


Lamentable esto sucede a diario Willi

Enviado por el 29/05/2008 a las 21:16
dominique sura  vasquez

Hay palabras que suenan repetitivas e historias de la vida real que nos suceden muy a menudo y desafortunadamente pasan y seguiran pasando, sólo le pido que siempre de gracias a Dios y que tome en cuenta que este no era "el día" y que si esta acá es porque tiene que ser como lo dictamina Dios, por algo nos envia a sus soldados para protegernos y ya no hay caso de hacer cambiar este sistema, sólo tenemos que cuidarnos y andar con pies de plomo, por este motivo lo felicito y me alegro que su familia todavía este contando con su presencia le saludo con cariño Dominique.


Saludos y gracias a Dios que estás bien

Enviado por el 29/05/2008 a las 21:10
Andrea Bustos

Willi realmente es terrible lo acontecido, yo soy usuaria del Transantiago diariamente y es verdad que lo comentas no sólo te sucede a ti, sino a otras personas... mujeres, jóvenes, embarazadas. Los buses ... más bien los choferes paran cuando quieren, desocupados o no, las frecuencias en la mañana son super cortas, van todas las micros juntas, algunas vacías, pero después de las 10 las frecuencias son extensas... en la tarde es lo mismo. En realidad es complicado el tema de la locomoción para los adúltos mayores y para los ciudadanos en general... vivo cerca del Hospital Salvador y veo cuando no le paran descaradamente a los enfermos o dados de alta que salen del centro hospitalario, en esa avenida hay centros de oftalmología, con lo cual circulan muchos no videntes, pero es la cultura de los micreros... es parte de la naturaleza de ellos no ser empáticos... no se cómo llamarlo.

Te envío mil saludos y un abrazo muy fuerte... Andrea.


Renacer I

Enviado por el 29/05/2008 a las 22:29
Maria Angélica Barth

Estimado Willi:

Gracias a Dios y a tu Angel de la Guarad estás vivo.

Que doloroso es ver la indiferencia de los que te rodeaban. Sobretodo los funcionarios de "amarillo" que sencillamente no hicieron nada por ayudarte. Entonces ¿Para qué los tienen en los paraderos?

Los adultos mayores nos sentimos muy desprotegidos cuando debemos abordar alguno de estos buses.

Impotencia es la palabra adecuada. Nos vemos a merced de este sistema que nos han impuesto, y no podemos hacer nada.

Si me parece, es vital, que esto lo plantees en alguna página que debe tener el Transantiago, y también en Linea Directa. No es posible esa indiferencia tan grande para nosotros los usuarios, de la edad que sea, pero todos personas únicas, irrepetibles e irremplazables.

Nuevamente gracias a Dios porque estas bien.

Un abrazo y bendiciones para ti

María Angélica


Un buen consejo

Enviado por el 30/05/2008 a las 9:55
Romina Leticia Millán F.

Querido Willi:

Uno de nuestros compañeros de la Biblioteca, Rodrigo Figueroa ha leído tu post y nos ha hecho llegar el siguiente mail que te puede ayudar como orientación.

Desde ya te mando un enorme abrazo y... un tirón de orejas: ¿Por qué no nos habías contado antes?, bueno aquí te dejo el correo:

"Es un típico caso de accidente vinculado al Transantiago. Sabemos que son muchos, fruto del deficiente servicios prestado por el sistema en su conjunto. Todo ello, acompañado un poco de la desventura que le ocurrió a nuestro amigo. No se sabe si existe una pequeña cuota de responsabilidad de parte de Willi, en cuanto a subirse   a un bus demasiado lleno, al punto que no pudo tomarse bien y ocupar un espacio suficiente, provocando que las puertas lo atraparan del modo descrito. Es algo que no sabemos, pero lo que si nos consta es que jamás debería haber pasado ese accidente si el sistema funcionara como debe ser.

Es súper complicado sugerir una vía de acción individual de parte de Willi, que busque obtener una reparación por el daño sufrido, por un tema probatorio (no sabe el nombre del conductor, los testigos aparentemente no existen, no constató lesiones en la posta, etc). Tal vez podría averiguar si es posible que se haga parte de alguna acción colectiva que se haya iniciado, ya sea por un grupo de particulares, o asociación de consumidores, vía Sernac, alegando perjuicio por accidente en Transantiago, fruto del mal servicio. Es algo que previamente debe averiguarse.

Creo que mucho más eficaz es una herramienta que me permita darle visibilidad a su caso. Ej. Ligas Mayores, medios de comunicación masiva, etc.
Otra vía, es averiguar si Transantiago o el Ministerio de Transportes tienen alguna ventanilla de reclamos... por último para obtener algún tipo de disculpa oficial.

Lamento mucho lo que le pasó a Willy, y espero no vuelva a vivirlo."


Amigo

Enviado por el 30/05/2008 a las 13:24
Pati

Quedo perpleja...

Admirada por RENACER

Gracias a Dios que no te sucediÓ nada, tienes pega!

Un Abrazo

Pati T.

...Quien no comprende una mirada, no comprenderá una explicación...


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