Infidelidad... Cuando algo se quiebra, al pegarlo no queda igual...

Enviado por Pati el 24/05/2008 a las 15:44
Pati

Infidelidad: Cuando la loza se quiebra, nada la pega...

La sicóloga María Elena Montt advierte sobre los aspectos conductuales que pueden delatar a un infiel. (Foto: Rodrigo Moya)

Muchos son los que se convierten en homicidas al sentirse engañados, comenta el subprefecto Hugo Fritis.

Hace más de 100 años, Alejandro Dumas, autor de "Los tres mosqueteros" y "El Conde de Montecristo", señaló, con singular sabiduría:

"Las cadenas del matrimonio son tan pesadas, que toma a lo menos dos personas para llevarlas... a veces tres".

El gran Federico Lorca, en el clásico poema "La casada infiel", no pudo evitar retratar con frenesí la crónica de un amor ligero, pernicioso y prohibido:

"Yo me quité la corbata, ella se quitó el vestido/ Yo el cinturón con revólver,ella lo cuatro corpiños..../Y no quise enamorarme, porque teniendo marido, me dijo que era mozuela, cuando me la llevaba al río".

Será por cultura, debilidad o carencia afectiva, la infidelidad, más que una fuente de inspiración lírica, es un carrusel sin freno, que afecta por igual a famosos y desconocidos, que vuelve la pasión en rabia, la confianza en dolor, la rutina en adrenalina y que, por mucho que se quiera esconder, como lamentira, termina por salir a flote.

"Es como intentar pegar los trozos de un vidrio quebrado con engrudo", apunta Ossandón.

Muchas parejas soportan el conflicto en silencio, como lo afirma el terapeuta familiar Juan Camilo Ossandón, quien cree que bajar el perfil, cuando la crisis está en ciernes, es como "detener una hemorragia con una tórula de algodón".

"Al final la compresa se tiñe de rojo igual, la confrontación es inevitable", señala, al tiempo que intenta explicar que el problema con la infidelidad es que no la detecta la razón, sino el corazón.

"Simplemente se presiente. Lentamente se aprecia cómo la relación baja de intensidad, cuando la comunicación se remite a la ilustración de anécdotas. Aunque no se quiera admitir, la pareja comienza a sentir una cierta distancia afectiva, que se entiende casi como un leve desamor", reflexiona.

Perfiles de infidelidad

A diferencia de la fidelidad, que puede tener su raigambre en conductas culturales y causas biológicas, que incluso se aprecian en los animales, la infidelidad carece de patrones comunes que entreguen de por sí una receta de prevención.

La sicoterapia identifica, sin embargo, su origen en una disfunción conyugal sobre un tema no resuelto, donde se busca compensar una carencia sexual o afectiva.

La sicóloga María Elena Montt, especialista en conflictos de pareja, explica que, en el caso de los hombres, cuando la mujer está embarazada y baja su intensidad sexual, el marido busca cubrir la carencia con una amante pasajera. "También se da el caso cuando la mujer está al cuidado de sus hijos y el hombre se siente postergado. Pero en ambos casos, la relación extramarital es pasajera. Pero hay infidelidades que se gatillan por resentimiento; entonces, se traiciona para hacer daño", precisa.

A estas categorías, Ossandón suma la de por enamoramiento. "Se da en personas que les gusta sentirse enamoradas y que al casarse piensan que se van a sentir siempre igual. También ocurre que la conquista suele ser lo principal, entonces los desafíos se convierten en el motor del affaire", añade el terapeuta quien afirma que esta persona tiene generalmente problemas de personalidad, como falta de confianza.

Signos de la infidelidad

Cuando el resbalón o la canita al aire comienza a ser una práctica clandestina, de carácter permanente, los signos de la infidelidad se vuelven tan evidentes, que sólo un corazón que se niega a aceptar no lo puede ver.

* Se entroniza el silencio y se vuelve incómodo.

* Cambia la vida sexual, con explosiones de creatividad o períodos de cero relación.

* Aumenta el horario laboral.

* Mejora el guardarropa y el estado físico.

* Cambian bruscamente los estados de ánimo.

* Se evapora el sentimiento del cariño.

* Los síntomas llevan al presentimiento de que el matrimonio va cuesta abajo y debuta el temor.

Las normas culturales, opina la sicóloga Montt, hacen un doble juego que, por un lado, permiten tolerar los signos del engaño y, por otro, inhibe las intenciones. De todas las formas de engaño entre las que destaca la de pensamiento y la virtual, los especialistas coinciden en que la relación sexual, de acceso carnal, define para muchos el punto central de la traición.

"Será por nuestras características primitivas, pero es más fácil perdonar que una pareja se den un beso a que se acuesten. Por eso, cuando se descubre la infidelidad sexual premeditada, se rompe la confianza que es lo más difícil de recuperar.

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