El 19 de Diciembre de 1920 la imagen de la Virgen del Carmen que hoy se venera en la Parroquia El Sagrario fue coronada por el Nuncio Monseñor Aloiso Masella en el Parque Cousiño de Santiago.
Monseñor Rafael Edwards presidente de la comisión organizadora de este acto de reconocimiento y homenaje a la Virgen del Carmen explica el significado de esta ceremonia en una carta que dirigió a todos los niños de Chile.
La Coronación de la Virgen del Carmen
Circular que su Señoría Ilustrísima Mons. Rafael Edwards Salas ha mandado a todos los niños de Chile.
Deseo mis queridos amiguitos dirigiros unas cuantas palabras que lleguen hasta lo mas íntimo de vuestros tiernos y generosos corazones. Vosotros sabéis, por la historia de la patria y por las tradiciones de vuestros hogares que la Virgen Santa del Carmelo es y ha sido siempre la Protectora de Chile y la Generala de su Ejército y de su Armada.
Es una historia que se confunde con la de la Patria la de esta devoción a María Santísima bajo el título glorioso y consolador del Carmen. Los soldados que nos dieron la libertad, los padres de la Patria cuidaron a la Virgen del Carmen Patrona de las Armas de Chile, pusieron en sus manos las banderas y el bastón de mando y colocaron a sus pies las espadas vencedoras y los trofeos de las victorias. Desde entonces, siempre la Virgen del Carmen ha bendecido las banderas gloriosas de nuestros regimientos y de nuestras naves y ha cubierto con su santo escapulario, como con un escudo el pecho indomable de nuestros soldados y marinos.
La Carmelita la llamaban, con dulce confianza y con tierno cariño nuestros héroes dondequiera los chilenos han ido colocando los jalones de gloria de la Patria, la imagen bendita de la Virgen del Carmen se alza como un recuerdo de nuestras glorias y de los sacrificios de nuestros héroes desde las márgenes hermosas del (¿) hasta las abruptas praderas del Morro de Arica.
¡Cuánto nos ha amado! ¡Cuán generosa ha sido la protección con que ha favorecido a nuestra Patria! En todas las horas de angustia, los corazones de los chilenos se han cobijado bajo el manto protector de la Virgen Santísima del Carmen y nunca Ella ha desoído nuestras súplicas, por eso los chilenos la aman con un afecto tan encendido como lleno de gratitud; por eso, su imagen bendecida es honrada en todos los hogares, su escapulario está sobre todos los pechos y su amor vive en los corazones indisolublemente unido con el amor de la Patria; por eso, todos los chilenos la miramos como la estrella solitaria del glorioso y amado tricolor.
El Padre Santo, el Vicario de Jesucristo, conoce y bendice este amor de los chilenos por la Virgen del Carmen, sabe que ellos la han jurado cien veces como Patrona, Protectora y Generala, sabe que no sólo hemos querido levantar templos en los campos de batalla como testimonio de su protección y de nuestra gratitud, sino que hemos erigido un monumento que perpetuamente atestigua nuestro reconocimiento en la cumbre bendita del Monte Carmelo.
Esto ha movido a nuestro Santísimo Padre a declarar solemnemente a la Virgen del Carmen Patrona y Protectora de nuestra Patria.
Esta proclamación tan solemne y augusta necesitaba de un símbolo externo que expresara toda la grandiosidad y todo el significado del privilegio y favor hecho por Ella a nuestra amada Patria. Para eso será coronada, en nombre y con la autoridad de Nuestro Santo Padre Pío XI la tradicional, hermosa y amada imagen que año a año recibe en la procesión del mes de octubre el homenaje de la Patria y que todo el pueblo venera en la iglesia del Salvador de Santiago.
Esta coronación concedida por nuestro Sto. Padre el papa debe ser la obra de todos los chilenos, ni un solo chileno debe permanecer extraño a ella, todos debemos considerarla como la pública declaración de que queremos que la Virgen del Carmen sea nuestra Reina, que continúe siendo el honor de nuestra nación, la alegría de nuestro pueblo.
La comisión que ha sido designada para organizar esa fiesta de la coronación ha tenido, como primer pensamiento, el dirigirse a vosotros, mis queridos niños para pedir vuestra cooperación para la corona de la Virgen del Carmen, Nuestra Madre, Nuestra Reina. ¿Qué haremos nosotros? Me parece que me estáis diciendo, pues bien, yo os lo voy a explicar.
En primer lugar coronar a la Stma. Virgen del Carmen en vuestros corazones, formadle una corona de oraciones, de sacrificios, de buenas obras; pedir a Dios, por intercesión de la Virgen del Carmen, que la corona que vamos a colocar sobre las sienes de su venerada imagen sea realmente el símbolo de su reinado sobre las almas, las familias y la Patria ¡Que Ella Reine! ¡Que Ella Reine! Porque donde Reina Ella, reinan también las virtudes que hacen grande y respetados a los pueblos. Pedídselo mucho, mis queridos niños, pedídselo sin cesar, pedídselo ofreciéndole vuestros pequeños sacrificios inspirados por el amor a Ella y a su Divino Hijo.
Decidle: Virgen Santa del Carmelo, reina sobre Chile
Virgen Santa del Carmelo, salva a Chile
Virgen Santa del Carmelo, no abandones a esta Patria, que ha sido, es y será siempre tuya.
Debéis hacer algo más todavía. Debéis ser apóstoles de la coronación. Hacedla conocer en todas partes, explicar su significado, decidle a todos que la Virgen del Carmen ha de reinar en todos los hogares, en la Patria entera. Repetid a todos que es menester que cada uno corone a la Virgen en su propio corazón y que todas las familias la deben coronar, con su vida cristiana, en el propio hogar y que todos han de cooperar con sus oraciones, con su amor, sus limosnas, a la obra de la coronación.
Deseo por último, mis queridos amiguitos, que todos vosotros contribuyáis con una pequeña erogación a la Coronación de la Stma. Virgen del Carmen, no pido, ni deseo mucho: me contentaría con que cada niño diera un veinte o un poco más para la corona y las fiestas de la coronación. Es para que podías decir: yo también tengo mi parte en la corona de mi Madre y de mi Reina. Quiero que así como María es la Madre de todos y la Reina de todo Chile, no quede un solo chileno que no de alguna erogación u obsequio para la corona.
Me he dirigido, en estas líneas a todos los niños de Chile, pero quiero hablar de una manera especial a los Cruzados de la Santa Eucaristía. Vosotros sois la simpática, la aguerrida, valiente e invencible vanguardia cristiana: lleváis la oración en los labios, el amor en los corazones y a Cristo Jesús dentro del pecho: lo podéis todo, todo. ¿Sabíais además que el amor a Jesús sacramentado es inseparable del amor a María, por eso, pongo en vuestras manos, la obra de la coronación de la Virgen del Carmen.
¡Cruzados Dios lo quiere!
Dios quiere que vosotros seáis los apóstoles de la coronación de la imagen de su Madre Santísima. Por la Patria habéis de trabajar para que esta corona sea símbolo del amor, de la gratitud, de la fidelidad de Chile a su Reina, a su Madre, a su protectora, patrona y generala, la Virgen Santísima del Carmen.
Niños chilenos la Patria os llama, mantened sus gloriosas tradiciones, tejed la corona de María la Reina del Carmelo, la Madre, Protectora de Chile y de su glorioso tricolor. Rafael Edwards Obispo y Vicario Castrense.
Revista Católica. 2.10.1926. p. 520. (transcrito M.A.Rivas)
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