
Bajo este título me encontré esta mañana en El Mercurio con la grata sorpresa de un artículo escrito por Carlos, en el que cuenta algunas de sus vivencias al asumir la Tercera Edad. Nos pone contento verlo y leerlo, porque él es uno de los activos miembros de las Ligas Mayores y articulador de contactos con nuestros pares que hoy también se encuentran entre ellos. Pero léanlo mejor y si los motiva hagan sus comentarios.
Costó mucho que se me pusiera blanca la cabeza. El negro luchó, pero no pudo controlar esas canas que aparecían por arte de magia, dando ese color que –según creemos algunos– da la madurez.
Claro que ya notaba que el paso del tiempo ponía sus piedras en el trayecto. Recuerdo las primeras veces en que me di cuenta de cómo los años iban “resquebrajando” el cuerpo. Fue cuando corrí para alcanzar una micro y me sentí corriendo sentado. Esa sensación de que uno se va a caer e, instintivamente, uno echa su cuerpo hacia atrás. El “correr sentado” es un nuevo producto del estado en que estoy.Otra advertencia de que ya no era el mismo fue en el banco. Era el número 32 de la fila y escucho un “¡señor, por aquí! ¡venga, venga!”. Veo a unas señoras (ninguna canosa) haciendo señas para que tome la fila de la tercera edad y otros. Por supuesto que yo, herido en mi orgullo, les di la espalda y me hice el leso. Salí como a las 15:00 horas del banco, ¡pero con mi autoestima en alto!
También me encontré con la adultez mayor un jueves que por primera vez me llevaron a la feria. Se suponía un día tranquilo, entramos a un mar humano de señoras con bolsas y los terribles carritos con compras. Golpes van, golpes vienen, topones en mis canillas con los ejes de los carros, choques con señoras distraídas y de gran envergadura, trato de opinar y me responden; “¡No, muy caras!, ¡no muy verdes!. Me encontré con un amigo –también en las mismas que yo–, y no pudimos conversar, pues nuestras mujeres nos requerían para cargar melones.
En resumen, recorrí 1,2 Km. en tiempo récord, con magulladuras múltiples en las canillas, dolor en los brazos (cada uno con 7 kilos de peso) y poca vida social.Qué maravillosos aquellos años de adulto pleno, cuando con mi capacidad al 120% hacía de todo sin tener estos pequeños baches de hoy; hasta me mandaba solo. Sin embargo, no hay que ser injustos... mis años de ahora también los he disfrutado. Es agradable ver cómo nos vamos adaptando a este otro ritmo de vida, afortunadamente con buena salud, reencontrándome con la lectura, el cine, los amigos y muchas otras actividades dejadas a un lado en épocas de intenso trabajo. Amigos, es bueno tener sus años, total uno siempre se sentirá igual de joven. Lo importante es tener una mente juvenil, ser optimista, reírse de uno mismo y disfrutar la edad.
















Tercera edad...