Mis primeras canas

Enviado por Enrique Boye Soto el 03/03/2008 a las 13:38
Enrique Boye Soto

Carlos Fernandois

Bajo este título me encontré esta mañana en El Mercurio con la grata sorpresa de un artículo escrito por Carlos, en el que cuenta algunas de sus vivencias al asumir la Tercera Edad. Nos pone contento verlo y leerlo, porque él es uno de los activos miembros de las Ligas Mayores y articulador de contactos con nuestros pares que hoy también se encuentran entre ellos. Pero léanlo mejor y si los motiva hagan sus comentarios.

Costó mucho que se me pusiera blanca la cabeza. El negro luchó, pero no pudo controlar esas canas que aparecían por arte de magia, dando ese color que –según creemos algunos– da la madurez. 

          Claro que ya notaba que el paso del tiempo ponía sus piedras en el trayecto. Recuerdo las primeras veces en que me di cuenta de cómo los años iban “resquebrajando” el cuerpo. Fue cuando corrí para alcanzar una micro y me sentí corriendo sentado. Esa sensación de que uno se va a caer e, instintivamente, uno  echa su cuerpo hacia atrás. El “correr sentado” es un nuevo producto del estado en que estoy.

          Otra advertencia de que ya no era el mismo fue en el banco. Era el número 32 de la fila y escucho un “¡señor, por aquí! ¡venga, venga!”. Veo a unas señoras (ninguna canosa) haciendo señas para que tome la fila de la tercera edad y otros. Por supuesto que yo, herido en mi orgullo, les di la espalda y me hice el leso. Salí como a las 15:00 horas del banco, ¡pero con mi autoestima en alto!

          También me encontré con la adultez mayor un jueves que por primera vez me llevaron a la feria. Se suponía un día tranquilo, entramos a un mar humano de señoras con bolsas y los terribles carritos con compras. Golpes van, golpes vienen, topones en mis canillas con los ejes de los carros, choques con señoras distraídas y de gran envergadura, trato de opinar y me responden; “¡No, muy caras!, ¡no muy verdes!. Me encontré con un amigo –también en las mismas que yo–, y no pudimos conversar, pues nuestras mujeres nos requerían para cargar melones. 

           En resumen, recorrí 1,2 Km. en tiempo récord, con magulladuras múltiples en las canillas, dolor en los brazos (cada uno con 7 kilos de peso) y poca vida social.

          Qué maravillosos aquellos años de adulto pleno, cuando con mi capacidad al 120% hacía de todo sin tener estos pequeños baches de hoy; hasta me mandaba solo. Sin embargo, no hay que ser injustos... mis años de ahora también los he disfrutado. Es agradable ver cómo nos vamos adaptando a este otro ritmo de vida, afortunadamente con buena salud, reencontrándome con la lectura, el cine, los amigos y muchas otras actividades dejadas a un lado en épocas de intenso trabajo. Amigos, es bueno tener sus años, total uno siempre se sentirá igual de joven. Lo importante es tener una mente juvenil, ser optimista, reírse de uno mismo y disfrutar la edad.

Tercera edad...

Enviado por el 03/03/2008 a las 18:10
Nancy  Villegas  Herrera
Carlos: Te felicito porque lo que cuentas en el artículo “Mis primeras canas” del diario “El Mercurio” es muy cierto, pero a veces algunos adultos mayores no quieren reconocer que se han acumulado los años y éstos nos pasan la cuenta. Estoy muy de acuerdo contigo, creo que lo mejor es ir viviendo las distintas etapas de la vida como corresponde, ir adaptándose a este nuevo ritmo de vida que nos imponen los años, pero sin olvidar la alegría y esa juventud que llevamos dentro. Muchos Saludos.

Te Felicito

Enviado por el 05/03/2008 a las 7:53
Pati
Por hacer tan buena descripción de lo que sientes y de una manera tan sincera, simple y de verdad.

Cariños



Gracias a estas dos lolas por su comentario

Enviado por el 05/03/2008 a las 15:05
Carlos  Fernandois Olivares

Nancy y Pati: que bueno que les gustó este post que hice para el diario, pero yo las invito a ingresar al blog El Pequeño Picarón Iletrado, un blog que habla de todo (sin pelos en la lengua), y las invito a colaborar en él. Un gran saludo y un fuerte abrazo.

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