Historias de amor y desamor

Enviado por Ines Valenzuela Arriagada el 14/02/2008 a las 16:51
Ines Valenzuela Arriagada
El Premio Nobel de Literatura Pablo Neruda, es una de las figuras que después de la poesìa se hizo célebre por su nutrida vida pasional. Pero Albertina Azócar fue diferente a todas las enamoradas del vate. Ella representó su amor juvenil. Tenía 15 años y él 18 y su idilio se expresaba en miradas furtivas en clases, besos robados en los pasillos del Pedagógico y manos entrecruzadas caminando por la Alameda de las Delicias.
Fue su primera musa, la que inspiró gran parte de los veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada. La que quedó inmortalizada con los versos que toda una generación aprendió: "Me gustas cuando callas porque estás como ausente y me oyes desde lejos y mi voz no te toca...."
Neruda cuando estaba enamorado se casaba. Pero con Albertina fue distinto. La amaba; no en vano estuvo más de diez años enviándole cartas desde los distintos lugares en que fue designado embajador. Pero fue ella la que nunca se decidió a formalizar la relación. "Aunque estaba enamorada de Pablo, fuí cobarde y nunca me atreví a tomar la gran decisión, que para mi era demasiado. Debía abandonarlo todo y partir a reunirme con él ", confesó en una entrevista muchos años después.
En las cartas del poeta sólo había amor. "Te mandaré un poema en que te recuerdo y otro beso, y algo màs, en la alta marea de esta noche. O mañana o pasado, te mandarè otra carta. Irán con ella una flor de lirio o tres alas de mariposa azul".
La llamaba "mi niña Netocha", Arabella, mocosa mía" o "Marisombra", e incluso, cuando ella estaba estudiando en Bruselas (Bélgica) le ofreció llevársela a vivir a su lado para casarse. Pero su amada lo eludió. Incluso dejó Europa sin siquiera avisarle. El lo resintió: "Debo decirte que veo cierta crueldad, falta de responsabilidad de tu parte, que en verdad no se cómo tomar: He estado pensando locamente en ti todo este tiempo. Estoy furioso, irritado, no deseo decirte más cosas que podrían hacerte sufrir. No creas que porque te reto te adoro menos".
Neruda se dió cuenta de que la había perdido. Y le dolió enterarse de que ella había dicho que no quiso correr una aventura. "Adiós Albertina, para siempre. Olvídame y créeme que sólo he querido tu felicidad". Cuatro años después, ella se casó con el poeta Angel Cruchaga, uno de los más entrañables amigos de Pablo.
Pero Albertina no aparece en las memorias del premio Nobel y el secreto de su idilio sólo era conocido por amigos muy íntimos. El resto se enteraría mucho más tarde.
Cuando enviudó de Cruchaga, un sobrino ofreció quedarse con algunos de los libros de su marido. Allí encontró las cajas donde, amarradas con cintas, ella guardaba las cartas de Neruda. Incluso aquellas que él creyó nunca recibidas. Temiendo que su tía pudiera destruir tan valioso testimonio, se las llevó a Sergio Fernández Larraín, embajador en España (1959-1962) y el mismo que años antes había publicado las Cartas de Amor de Gabriela Mistral.
La noticia se la dio el propio Fernández cuando fue a visitarla y a comunicarle que el libro estaba a punto de salir. Albertina, descubierta en su intimidad, lo dejó hablando solo y corrió a hurgar en su escondite, donde encontrò las cajas vacìas. Lloró amargamente. Se sentìa ultrajada y traicionada.
Entabló un pleito contra su sobrino, pero cuando el tribunal falló a favor el libro ya había sido publicado en España. Neruda habìa muerto y en su aflicción recurrió a Matilde Urrutia, quien demandó a Fernández en Madrid. Pero la sentencia fue adversa.
Sólo consiguió que le devolvieran las cartas. Las volvió a amarrar con cintas y a guardarlas entre la ropa de un cajón. Desde ese improvisado escondite las sacó su hijo Francisco Cruchaga, dos años después de su muerte -en 1989- y decidió publicarlas en homenaje a la inspiradora de una obra tan trascendente.
Los poemas y las cartas salieron a la luz después de 54 años. En ellas Neruda firmaba como Pablo, Paul o Ricardo e incluía dibujos de él y Albertina. En una de las misivas le anuncia que prepara sus Veinte Poemas, " con muchas cosas dedicadas a ti".
                             Mónica Stipicic H.
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