Carta de Cristián Warnken a su hijo

Enviado por Carlos Smith el 28/12/2007 a las 10:44
Carlos Smith

infinito.jpgClemente

Llora por ti tu jardín, que siempre insistías en llamar "mi jardín". Llora el intruso gato blanco y negro, que merodeaba por las tardes y que tú llamabas mi gato amigo. Llora el cerro Manquehue, que veías desde la ventana de tu pieza. Llora la plaza de Almirante Acevedo, alrededor de la cual corrías una y otra vez, como un Forrest Gump de tres años. Lloran los resbalines que te vieron crecer en temeridad y por los que te lanzabas con gozo. Llora la montaña del camino de La Pirámide, destrozada por la construcción de autopistas y a la que decías "pobre montaña". Llora tu nana, a la que llamabas "mi reina", "mi Karencita hermosa", piropero precoz.

Lloran las fuentes de agua, ante las que te quedabas en éxtasis mirando caer el agua, el agua que te asombró más que nada en el mundo, el agua de los ríos, el agua de las llaves de agua de la casa, que abrías sin cesar, el agua del mar, oh, tu locura por el agua, Clemente, toda el agua del mundo llora por ti, y mana en nuestras lágrimas.

Lloran por ti Whinnie the Poo y Tigret y Christopher Robbin, y todos sus amigos, porque en sus libros de aventuras te sentías en familia. Tú eras como Whinnie the Poo, tierno, goloso, amical. Llora por ti tu chupete gastado y fiel, que intentamos vanamente botar tantas veces y que ahora te espera sobre la almohada vacía. Lloran por ti las esculturas del Parque de las Esculturas de Pedro de Valdivia, donde fuimos el día antes de tu partida, a correr, a subir al olmo gigante; llora por ti la escultura del ángel sin cabeza que miraste extrañado, llora por ti la librería Ulises, donde estuvimos esa misma tarde y donde hojeaste libros sobre un sillón de cuero. Llora por ti el libro de "Willie, el oso", que te regaló esa tarde Benjamín, el librero, y que no alcancé a leerte.

Llora la escalera de madera de nuestra casa, que bajaste todas las mañanas de tus días. Llora el espejo del baño hacia el cual te empinabas para mirarte, como si fuera extraño tu propio rostro, oh, hermoso, demasiado hermoso para durar aquí, al otro lado del reflejo. Llora la canción "Cangrejito" del grupo Zapallo, que bailaste tantas veces y querías volver a escuchar, pero que se perdió en algun rincón de nuestro bello desorden. Llorará la lluvia en invierno cuando no te encuentre debajo del panel de vidrio, mirándola gota a gota. Lloran los caballos del Club de Polo que siempre venías a espiar. Lloran los cuadros de Santos Guerra que cuelgan de nuestras murallas, y el pueblo de cuento y sus personajes a los que saludábamos como si fueran reales, el hombre del paraguas verde, tus amigos al otro lado del sueño. Llora la playa de Wailandia, donde corrimos mojándonos los pies con las olas, qué fiesta, qué gritos, qué risa. Lloran las gaviotas que pasaban por ahí, llora el restaurant Caleuche, donde fuimos a ver la puesta de sol con Angélica y Laura, llora el rayo verde que nunca se hizo ver. Llora el Estadio Santa Rosa de Las Condes, donde apenas empezabas a ir a clases de fútbol, estadio que desaparecerá, como desaparece todo y todos, porque somos un duelo sin fin. Llora el Parque Forestal donde naciste, llora la calle Ismael Valdés Vergara. Lloran los taxis en los que te gustaba que te llevara en las mañanas a tu jardín. Lloran los tres cojines que tú mismo instalabas obsesivo, hasta que quedaran perfectos (y tu decías "perfecto"), adonde posabas tu cabecita llena de rulos para tomarte tu mamadera. Todos lloran, también tu piscina amada, que te vio, dichoso, nadar, ¡cómo llora desconsolada! Lloran las cosas que tocaste, los lugares donde anduviste, y lloramos nosotros, ya sin lágrimas.

Entonces, ¿por qué ríes, por qué tu cara pura de niño muerto insiste en reír, mientras todos lloran sin consuelo? ¿Por qué ríes, Clemente, amor mío, dolor nuestro?

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Lamentablemente

Enviado por el 28/12/2007 a las 12:34
Romina Leticia Millán F.

Lamentablemente tengo que leer cada texto antes de ser publicado, lamentablemente digo en este caso, pues habría preferido no leer esta carta que me ha partido en dos el corazón y me ha hecho llorar como hace tiempo no lo hacía. ¿Cómo pudo escribirla, cómo tuvo fuerzas si quiera para sentarse frente al computador?, mi madre dice siempre que Dios jamás manda un dolor que uno no pueda soportar. No estoy de acuerdo con ella, pues a pesar de lo mucho que lo respeto, creo que a Dios a veces se le pasa un poco la mano. No quiero pensar qué haría yo en un caso horrible como esté, principalmente porque no tengo la respuesta, o mejor dicho no la quiero escribir.

¿Qué podría decir a este señor del programa que me aburre el domingo en la mañana?, nada, todo lo que diga es en vano, sólo él sabe cuánto mide su dolor y qué hará con él.

Dicen que es mejor haber conocido la felicidad y haberla perdido a no haberla conocido nunca. ¿Quién sabe si eso será cierto?.

Papá de Clemente:

Grita, tal vez el dolor salga fuera.

Un abrazo.


Si todos lloramos

Enviado por el 07/01/2008 a las 1:34
JORGE HERNÁN
Para estas fiestas de Fin de Año, en la mayoría de las mesas en familia, debe haber sido uno de los temas principales, que Dios nos puso para reflexionar y orar.
Llego a la conclusión, que el dolor de la muerte esta siempre muy cerca de nosotros y a cada instante y mañana podríamos ser nosotros los afectados directos de tan inmenso dolor.
Si, con esta partida o el dolor ajenos, nos ha permitido demostrar más intensamente el amor a nuestros niños y niñas cercanos.
Cristián, el gran maestro, nos enseña mucho con sus programas televisivos y muchísimo más con su dolorosa experiencia de vida.
La oración familiar de nosotros, de fin de años, fue también para ellos.
PAZ, RESIGNACIÓN Y ESPERANZA

Sólo quería escribirte una carta

Enviado por el 01/11/2008 a las 22:06
José Fernando Molina Icazategui

Sólo quería escribirte una carta, donde pudiera expresar la profundidad con que comprendo tu dolor y siento la perdida de un hijo.

Vivo en carne propia un dolor parecido, asi es que te comprendo en parte.  No conozco el jardin de mi hija, no conozco sus ositos de peluches predilectos, no conozco sus juegos antes de dormir, no puedo contarle un cuento, no puedo verla jugar en la plaza, no puedo alentarla a estudiar, no puedo decirle cuanto la amo. Ella vive en este mundo, pero un amor mal entendido la esconde,  la aleja, la aliena contra mi y mi familia, la destruye día a día. Cuanto sufro por ello, demasiado diría, pero confío que un día el amor que le profeso la libere de su encierro. Solo esta esperanza me mantiene en pie...


Fernando

Enviado por el 19/11/2008 a las 15:27
Carlos Smith

Un abrazo

Carlos Smith S

Tú estás aqui para completar el universo.


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