Me encuentro en el escenario, tras unos telones negros, altos y gruesos, por un espacio pequeño miro a mis compañeras de actuación, todas Adultas Mayores, menos mis dos hijas, las que superan con poquito los veinte. El teatro esta repleto de gente de todos los estratos sociales, me di cuenta en mi primera salida a escena, muchos flash encandilaban mis ojos, habían cámaras de televisión. La iluminación es perfecta, igualmente el sonido, las Actrices Mayores se desempeñan a la perfección, es como conducir un auto fino del año. Me siento emocionado por no tener ningún tropiezo. Escucho muchos aplausos, carcajadas y algunos gritos de emoción. Falta mi transformación de un capataz duro, refunfuñón y mal genio en un piloto sin avión que surca los cielos con la energía que me irradian la cantidad de años de mis 10 compañeras Mayores de viaje. El vuelo ha terminado, me siento satisfecho y por instantes, creo que volé.
Sube al escenario mi esposa, la directora de
Con mi esposa no hemos llegado a Mayores, pero nos sentimos agradecidos de las Actrices Mayores por haber dejado prejuicios para dejar todo en las tablas de un escenario importante. Yo por mi parte, como el único varón del grupo LAS FELICITO.
















Ayer pasó Jaro volando frente a mí...
Así quería titular mi comentario aquel día en quela Compañía El Botón hizo su presentación en el teatro de la Caja de Compensación Los Andes al celebrar la Feria Interactiva del Adulto Mayor (FIDAM). Había salido del aula impresionado por la obra montada por todo un equipo de maravillosas mujeres, responsables de hacer volar a Jaro frente a todos los entusiasmados espectadores.
La obra, nada de silenciosa, pero sin parlamentos muestra a un grupo de aseadoras que hacen su rutina diaria en una fábrica, vigiladas por un jefe varón. En medio del trabajo ellas se permiten soñar e imaginar que son actrices, cantantes, cabaretistas o simples ilusionadas, que alegran la dura jornada laboral contagiándose unas a otras. Incluso el jefe siente la atracción de esos sueños y se imagina en un momento que el suyo, de volar, se hace realidad. Y de paso su alma se llena también de alegría y su mirada autoritaria cede al encanto del sueño colectivo mientras vuela por encima de las aseadoras.
En lo teatral la obra está muy bien montada y pese a la sobriedad de los medios logra crearse un ambiente cautivador. No hay personaje que pase inadvertido en la expresión del propio sueño. Un espectáculo digno y atractivo, en el que la alegría viene de ver a sus actores encarnar con talento a sus personajes. Creo que el que salió volando junto a Jaro, fui yo.
Mis felicitaciones a cada una y a Jaro, sin olvidar al trío femenino de sus hijas y Julie, su esposa, que le dieron el aliento de vida a este naciente grupo, señalándonos de paso que aún tenemos sueños pendientes.